La crisis de la Unión Europea y de los organismos internacionales

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* Por Norberto Zingoni corresponsal de La City en Madrid

 

En Europa se está dando un discusión trascendente. La Unión Europea ha sido una gran creación de los estados europeos, pero, sostienen muchos autores, está en crisis. Nació como un instrumento económico y tuvo éxito en la creación de un mercado común. Y también fue importante en inaugurar un extenso período de paz para evitar los cíclicos enfrentamientos que habían asolado Europa a través del tiempo, en especial las guerras entre Alemania, Francia e Inglaterra. Pero la idea inicial fue derivando hacia un supra estado en Bruselas donde los países europeos iban resignando cada día más competencias (y por ende soberanía) en favor del hiper gobierno de Bruselas. En los últimos años la U.E. está cuestionada por su burocracia enquistada en Bruselas y fundamentalmente por la cantidad de competencias que se arrogan en desmedro de los países que la componen. Lo prueban las últimas elecciones de diversos países europeos en las cuales muchos de los candidatos (Le Pen y Melenchón en Francia, Podemos en España, Syriza en Grecia, movimientos de ultra derecha en Suecia, Austria, etc.) planteaban abandonar o disminuir su participación en la UE como ya lo había decidido la mayoría de ciudadanos de Gran Bretaña con el Brexit.

El sociólogo alemán Ulrich Beck sostenía que “a la gente le da miedo un gran superestado europeo”, y pedía a los responsables del futuro de la Unión una Europa cosmopolita que venciera el miedo a la pérdida de identidad de los países. Y así se fue enquistando un funcionariado cada vez más alejado de la gente.

La política inmigratoria de la U.E. ha fracasado. Desde hace muchos años.

Es cierto que hoy la situación de los emigrados es un problema de difícil solución: por una parte, poblaciones enteras han debido emigrar de apuro por los sátrapas que los gobiernan y las guerras que promueven los que quieren voltear al sátrapa (generalmente yidahistas). En el medio la inmensa mayoría de la gente. Inocentes y neutrales. Pero el problema se agrava ya que por provenir de países en guerra con fuerte componente del Isis muchos refugiados de buena fe han sido infiltrados por activistas del terrorismo islámico.

La crítica a la UE se repite en muchas críticas a esta burocracia internacional que se ha enquistado en organismos que pudieron ser útiles en su creación pero que han devenido perjudiciales para la democracia. La Organización de Estados Americanos, por ejemplo, no ha podido amparar a millones de venezolanos o las víctimas del sátrapa Ortega. Si no sirvió para eso muchos se preguntan ¿para qué sirve? Es ya una mera estructura burocrática.

El ciudadano se ve y se siente lejos de estas decisiones ¡qué le afectan y cómo! pero que se toman a miles de kilómetros de su vida. Hay una casi nula participación parlamentaria o del ciudadano en esas decisiones. Algunos sostienen que se está creando una “nueva era imperial” que tiene sus propias instituciones como el Fondo Monetario Internacional o Banco Mundial, el Nafta, el Gatt, o el G7 (Noam Chomsky, Cómo funciona el mundo, Ed. Katz, 2014).

La UE nunca ha querido plantear el verdadero problema: que ha fracasado totalmente la política inmigratoria de la UE y no solamente en este último tramo de la desgarradora situación de los refugiados de la guerra de Siria. Sino mucho antes. Al menos en los últimos 40 años la política inmigratoria de la UE dirigida dese Bruselas fue un fracaso. Un rotundo fracaso. Comunidades enteras no se integraron al país al que llegaban. Los hijos y nietos de inmigrantes desarraigados. Los atentados de hijos o nietos de inmigrantes (nacidos en Francia o Inglaterra) son una prueba evidente del fracaso de la integración.

Giovanni Sartori, lo recordamos por si acaso alguien no lo recuerde, el mentor de la moderna ciencia política, coincide con esta aberración que han hecho dirigentes (accidentales) de la UE con la inmigración. Agravado hoy por el contrabando de personas.

Para finalizar: los organismos internacionales nacidos en la posguerra han quedado anacrónicos, desactualizados y con una burocracia enquistada que los aleja de los ciudadanos.

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