
«Hemos concluido que China esta intentado interferir en nuestras elecciones, en contra de mi administración. No quieren que yo, o nosotros, ganemos, porque soy el primer presidente que le ha plantado cara a China en materia de comercio. Y estamos ganando en el comercio, estamos ganando en todos los niveles», dijo Trump, en una significativo párrafo en la Asamblea de las Naciones Unidas que pasó de largo en los comentarios públicos.
Trump ha lanzado este ataque contra otro miembro con poder de veto en el Consejo en una sesión de trabajo contra la proliferación de armas de destrucción masiva, que se celebra de forma paralela al plenario de la Asamblea General.
Esta no es la primera acusación de injerencias del actual Gobierno norteamericano a China. La semana pasada, el Pentágono admitió que ha tomado medidas de refuerzo digital para proteger las elecciones frente a posibles manipulaciones digitales orquestadas desde Pekín. Sobre todo, se trata de amenazas de «hackeo» y campañas desinformativas, aunque el departamento de Defensa no ha dado más detalles al respecto. Varios medios públicos chinos, como la agencia Xinhua y el canal CCTV, operan en inglés en EE.UU.
El lunes entró en vigor una nueva ronda de aranceles impuesta por Trump a productos importados de China, por un valor estimado de 200.000 millones de dólares (170.000 millones de euros). En principio, esos impuestos añadidos, del 10%, afectan a 5.745 productos, entre ellos prendas de ropa, bolsos de lujo, televisores y comida. En enero, los aranceles en buena parte de esos artículos subirán al 25%, algo que con toda seguridad acabará forzando una subida de precios. China ha respondido a su vez con aranceles a EE UU por valor de 60.000 millones de dólares.
Con esa guerra comercial Trump busca equilibrar la balanza comercial de su país con China, ya que anualmente este país exporta a EE.UU. productos por valor de 505.000 millones de dólares y sólo importa de él 129.000 millones.
