
La derrota de las elecciones provinciales del lunes último ha sido catastrófica, una verdadera tragedia para el partido independentista de Canadá que buscaba separar a Quebec del gobierno federal.
Han perdido sus bancas 19 diputados de 24, entre ellos el líder del partido, que ha dimitido. Esta misma sede va a quedar vacía pronto, porque la formación, descabezada, ni siquiera podrá pagar el alquiler. Y la gran paradoja es que si de algo ha muerto el soberanismo quebequés, es de éxito, de éxito pasado.
Según calcula Claire Durand, profesora de sociología en la universidad de Montreal y una de las principales autoridades en materia de encuestas en Quebec, un 30% del electorado apoya hoy la independencia, un mínimo histórico. «Ha cambiado el eje del debate político», explica. «Antes era soberanismo frente a federalismo.
«Hoy es izquierda frente a derecha». El ganador de las elecciones, de hecho, es un partido conservador populista, Coalición Futuro de Quebec, que prometió limitar la inmigración y prohibir el velo islámico y otras muestras religiosas en los colegios públicos.
