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En la década pasada, durante los ocho años del presidente Obama, Wall Street se volvió adicta al dinero fácil. Increíblemente las bajas tasas de interés de la Reserva Federal (Fed) incentivaron a los inversionistas a tomar riesgo al acumular acciones. Los costos más bajos de préstamos significan ganancias corporativas más altas.
Esa tendencia ahora se está invirtiendo, aunque principalmente por buenas razones: la economía de Estados Unidos es realmente fuerte, y la Fed está aumentando los índices para mantener la inflación en control y asegurarse de que la economía no se recaliente.
Las acciones tienden a caer después de aumentos rápidos de las tasas de interés. Repentinamente las acciones están compitiendo con los aburridos bonos.
Los inversionistas ahora pueden tener un retorno decente de un bono ultraseguro del gobierno. Eso hace que las acciones tecnológicas caras parezcan más una apuesta. Facebook, Netflix y Twitter todas cayeron bruscamente este miércoles.
Las tasas también están aumentando porque el gobierno de Estados Unidos está vendiendo más bonos del Tesoro para pagar el creciente déficit federal. Washington está haciendo muchos préstamos para pagar el recorte de impuestos a las empresas y un aumento del gasto gubernamental.
La buena noticia es que las corporaciones estadounidenses están acuñando dinero en este momento. Se espera que para el tercer trimestre las ganancias del índice S&P 500 aumenten en un 20%. Las fuertes ganancias podrían bien calmar la ansiedad de los inversionistas. Eso fue lo que pasó a principio del año cuando las tasas del Tesoro se dispararon, brevemente asustaron al mercado antes de que prevalecieran la calma.
