La seguridad es el gran desafió del Gobierno argentino en la reunión del G20

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Foto: Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires

Calmado el mercado cambiario y desaparecida la sombra ominosa del default que, por espacio de meses, sobrevoló la Argentina, ahora el obstáculo que debe salvarse —por los efectos que se sucederían si acaso las autoridades tropezasen con él— es la reunión del G20, programada para llevarse a cabo en Buenos Aires a fines de este mes. El grupo de países que nos ocupa, donde se entremezclan los más poderosos del mundo y otros insignificantes por donde se los mire, arrastra una característica peculiar: concita el odio beligerante de distintas capillas globalifóbicas que se movilizan, sin importarles las distancias que deban recorrer, con el único propósito de generar el caos en aquellas capitales donde se desenvuelva el citado cónclave.

Sería un verdadero milagro que, donde fracasaron Italia y Alemania, prevalezca la Argentina. Por muy creyente que uno sea y robusta resulte la suerte que acompaña a Macri, los disturbios no podrán impedirse. Entre otras razones por una que es esencial: no hay fuerzas capaces de poner coto a los violentos si, por un lado, deben mantenerse firmes en las tres líneas de contención que rodearan —como un anillo de hierro— a los lugares en donde se desarrollará el cónclave y, por otra, si deben patrullar, al mismo tiempo, los puntos neurálgicos de la urbe bonaerense en los cuales, eventualmente, podría estallar y escalar la crisis.

Desde hace un año —poco más o menos— el gobierno se ha dedicado a preparar el dispositivo de seguridad necesario, y lo ha hecho con criterio. Por de pronto, decretó feriado el viernes 30 con la idea de dejar a la ciudad capital casi desierta. El fin de semana largo, unido al temor, representan un aliciente importante para abandonar Buenos Aires por espacio de tres días. Descartó a Bariloche y a Ushuaia como sedes alternativas y —luego de un análisis pormenorizado de la zona— dejó de lado la posibilidad de que las deliberaciones pudiesen llevarse a cabo en Puerto Madero. No dudo, además, en delegar soberanía en lo que hace a los espacios aéreos. De lo contrario, ninguno de los invitados de primer nivel, desde el presidente Donald Trump al líder soviético Vladímir Putin, hubiesen aceptado venir. Por fin, a la hora de determinar quién será el responsable del operativo, no hubo dudas. La trascendencia del tema no admitía pujas entre Patricia Bullrich y Martin Ocampo sobre cómo actuar al respecto .

(*de la consultora Massot-Monteverde).

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