El día de la soberanía y el combate de Obligado

Batalla_de_la_Vuelta_de_Obligado
Batalla de la Vuelta de Obligado
Por Antonio Calabrese, abogado constitucionalista, historiador, político. Colaboración especial para lacity.com.ar

 

La verdad sobre el combate de Obligado

Parece absurdo que las provincias argentinas, es decir los estados federales, festejen como día de la soberanía, justamente aquel en que se recuerda uno de los hechos que más contribuyeron a postrarlas y empobrecerlas.

Es el triunfo del desconocimiento o del relato, sobre la verdad.

La batalla de la vuelta de Obligado fue uno de los ataques más serios que Buenos Aires infringió al interior.

Es uno de los tantos hechos del pasado, a los que algunos gobernantes, dan una carga épica, para intentar aglutinar voluntades ya que no lo pueden hacer, en el presente, con hechos propios.

La cuestión comenzó después del año 1700 con el crecimiento del comercio fluvial y exterior desde Asunción hasta Buenos Aires, pasando por Santa Fe, Rosario y los pueblos del litoral.

En 1778 la nueva Intendencia de Buenos Aires asume el control de la economía de toda la región y las demás ciudades comprendidas en el área que no eran escuchadas en sus peticiones en las esferas gobernantes dado que los ingresos provenientes de los impuestos eran empleados muy pocas veces en su beneficio reservándose casi exclusivamente para las arcas porteñas, ciudad sede de la autoridad del nuevo virreinato.

El resentimiento contra este poder de Buenos Aires creció sobremanera hacia 1810 al tratar en vano los comerciantes de las ciudades litoraleñas de liberarse del control ejercido por los funcionarios de la Corona y el Consulado de Buenos Aires durante todo ese lapso.

Los impuestos y cargas a productos como la yerba mate que sólo se producía aguas arriba o al comercio de cueros con el que se competía en ambas jurisdicciones ejercían efectos más que irritantes.

Rosas, como Gobernador de Buenos Aires, luchó para imponerla sobre las demás provincias, para lo cual era indispensable el control único, llevado a cabo por él, de los ríos interiores, y de la Aduana exclusiva, pues estos dos elementos eran la mayor fuente de recursos para el Tesoro bonaerense, que así se enriquecía con los tributos que cobraba sobre la importación y exportación de todos los bienes cualquiera fuera la procedencia.

No sólo representaba, dicho mandatario, a la provincia que arrebataba las posibilidades de subsistencia a las demás, sino que era el representante genuino de la élite económica dominante.

No gobernaba como ícono de una clase instruida, que se hubiera preparado para llevar al país hacia un futuro venturoso, sino como líder de la clase enriquecida y poderosa.

Fue la primera vez que gobernó la oligarquía en el sentido Gramsciano, concepto tan de moda en la actualidad. El polo hegemónico de la clase ganadera saladeril había llegado a su máxima expresión imponiendo desde el poder el orden jurídico que le convenía.

La cuenca del Río de la Plata y sus afluentes abarca alrededor de tres millones de kilómetros cuadrados, mayor que la zona ubicada al este del Mississippi en Estados Unidos y es uno de los tres grandes sistemas hidrográficos más grandes de América del Sur. Tiene la particularidad de correr desde el este hacia el mar como pocos ríos importantes, de la misma forma que el Mississippi, siendo sin embargo la cuenca oriental del Río de la Plata mucho más caudalosa que la del río del norte.

Además de ello, desde el Oeste la cuenca se agiganta con los importantes ríos que cruzan el Chaco para desembocar en el Paraguay siguiendo al Paraná como el Bermejo y el Pilcomayo o hacia el sur, el Juramento- Salado y el rió Tercero que también cruzan el Chaco.

Podríamos decir para completar que el sistema fluvial se integra finalmente con los ríos Paraná y Uruguay inferiores, incluido el delta del primero.

Obligado representa el cenit del ataque político al interior de la República, el golpe más grande que recibiera la economía provinciana y la violación jurídica más evidente proferida al pretendido federalismo.

Miron Burgin (Aspectos Económicos del Federalismo Argentino – Ed. Hachette) un investigador de Harvard, sostuvo entre sus conclusiones que el “Gobierno porteño se negó a considerar la nacionalización de los derechos de aduana sobre la base de los originados en la ciudad de Buenos Aires. Se negó a permitir el comercio con los países de ultramar por otros puertos que el de Buenos Aires. En todo momento se opuso a la apertura del río Paraná a los barcos extranjeros.”

Es por ello que, el combate de Obligado debe analizarse empezando por lo institucional, es decir, por el orden jurídico.

Debemos recordar que en una federación o confederación, en formación, sin una constitución escrita, en donde se delimiten las facultades propias de los Estados fundantes y las que estos delegan al Estado nacional, las provincias retienen, pues no han cedido todavía, la soberanía, que les pertenece por preceder en su existencia al Estado federal central que recién nacerá con la Carta Magna.
Este es un principio elemental del federalismo en la ciencia constitucional.

En un Estado federal, el ejercicio de la soberanía recién queda a cargo del Estado nacional cuando las cláusulas constitucionales pertinentes determinan, en primer término, las esferas de competencia y jurisdicción de los estados provinciales que confluyen a la formación y, en segundo lugar, las del Estado central que pasan a conformar.

En nuestro caso solo habían delegado las provincias en el Gobernador de una de ellas, la de Buenos Aires, la facultad de conducir las relaciones exteriores.
Ergo retenían la soberanía.

Significaba esto que, la regulación del comercio interior, las aduanas interiores, la imposición fiscal, la disposición y regulación de los ríos por los estados ribereños, no habían sido transferidos al Gobernador Porteño.

Por ende, las provincias del litoral, en especial Entre Ríos y Corrientes en tratos con el Paraguay de los López, dictadores estos, tan afines a los historiadores denominados “revisionistas”, defensores, en general, del gobierno de Rosas, reclamaban de todas las maneras posibles, la libre navegabilidad y el libre comercio en el río Paraná.

En el rechazo de estas peticiones, es que además del mencionado aspecto jurídico, también fueron agredidas económicamente las provincias interiores.

Diego Abad de Santillán en su “Historia Argentina” al igual que la mayoría de los historiadores recuerda que Pedro Ferré, gobernador de Corrientes, junto a otras provincias venían reclamando por el manejo irrestricto del comercio exterior que efectuaba Buenos Aires y el perjuicio que esto les causaba.

El reclamo era tan importante y tan compartido que un historiador inglés H.S. Ferns (“La Argentina” – Ed. Sudamericana) sostiene en el mismo sentido, que a consecuencia de aquello y para evitar conflictos Rosas a fines de 1835 implanta una serie de aranceles aduaneros con respecto a mercaderías que tuvieran fabricación local (La célebre Ley de Aduanas) que dura poco más de dos años pues cuando comienza el bloqueo francés “…

Rosas abandonó calladamente el proteccionismo como sistema y sólo mantuvo aranceles aduaneros como fuente de ingresos fiscales.”

Por cierto con destino al tesoro de Buenos Aires.

Deja un comentario