
Frente a la ausencia de un plan B, el BCRA corre contrareloj, necesita que la inflación se desacelere antes que el mercado conciba que la dinámica es insostenible y la demanda por pesos argentinos se desplome nuevamente, con un mayor stock de pasivos de corto plazo del sector público.
En este punto reside el núcleo de la cuestión: las expectativas de los agentes terminarán jugando un papel determinante.
Consideramos que hasta mediados de 2019 el riesgo estará contenido con un stock de pasivos remunerados del BCRA + Lecaps similar al observado durante el primer semestre de 2017.
Sin embargo, se trata de un “nivel límite” en el que el riesgo político comenzará a impactar directamente sobre las expectativas.
Creemos que ese debería ser el punto de inflexión en términos de objetivos de política. Hoy la inflación es la preocupación central y también el sostén de la demanda transaccional de dinero en un contexto de recesión económica.
Alcanzada cierta estabilización en la dinámica de precios, será importante dejar de lado los dogmas tales como inflación de un dígito dado que se podría obtener justamente el efecto contrario. El desafío será definir cuál es el equilibrio óptimo entre inflación y actividad.
