Siempre se puede estar peor

OPINIÓN

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Foto: Diego Martin

Por Claudio Chaves, profesor de Historia y licenciado en Gestión Educativa. Director de Escuela Secundaria de Adultos. Especial para Lacity.com.ar

 

 

Hincha e hinchadas hubo siempre. Malos, taitas, transas y tahúres del mismo modo. Corruptos, inmorales, discriminadores y xenófobos también. No solo en la Argentina sino en todo el mundo. No es ese el problema. El drama es cuando esos disvalores se encarnan como política de Estado. Cuando desde allí se baja como línea de acción pues en ella están puestas las expectativas de la élite que conduce y practicarlas infunde prestigio.

Antisemitismo hubo siempre y seguramente lo habrá. La catástrofe ocurrió cuando el Estado hizo suyo esos principios. Dejando de ser salvajadas individuales para transformarse en atrocidades sociales. Por caso, la corrupción del mismo modo. Roba fulano, roba mengano, roba zutano, siempre pasó y en todos lados. En el caso de la Argentina la hecatombe se produjo cuando el robo se practicó desde el centro del Estado, para hacer política. ¡Robo de Estado! Minando el sentido del mismo y de paso corrompiendo a los partidos. Así las cosas el orden político detonó.

Todo esto viene a cuento porque en el fútbol nos está pasando lo mismo. El gobierno anterior tenía una lógica delincuencial de la acción política y de las ideas. Sería muy extenso un artículo que citara textual las frases que a lo largo de doce años pronunciaron funcionarios e ideólogos del kirchnerismo a favor del delincuente, como víctima de la sociedad capitalista. Para muchos ideólogos kirchneristas el delincuente era un rebelde sin ideología al cual bajándole línea podría ser transformado en sujeto de cambio social. De ser víctimas de un sistema injusto a transformarse en victimarios con capacidad de demoler el orden. Cosmovisión extraña al peronismo cuya columna vertebral siempre fueron los trabajadores y extraña también al marxismo, del cual muchos ideólogos del kirchnerismo se sienten herederos, puesto que para el filósofo alemán, la delincuencia y la marginalidad eran despojos sociales denominados lumpen. Desclasados imposibilitados de toda acción positiva en línea del progreso social.

Puestos a actuar crearon Vatayon Militante una agrupación que buscaba inserción en el mundo carcelario a los efectos de ideologizar al hampa pues vislumbraban que el avance del delito en toda Hispanoamérica abría una puerta para que los facinerosos pudieran ser conducidos políticamente. Tan bajo cayó el pensamiento kirchnerista. Vacíos de ideas se movían como orates al servicio del mal.

Hinchadas Unidas del mismo modo. Fue una agrupación que juntaba a barras bravas de distintos clubes con el afán, según decían, de terminar con la violencia que las caracterizaba. Y uno no sabe si reír o llorar, como dice Sabina. Disparates de esta índole fueron en los últimos años un discurso que partía del poder. ¡Barras bravas que terminen con la violencia! es como pedirle al demonio obras de caridad. Pero así piensa un sector de la intelligenzia argentina. Pero lo gravoso, lindante con la locura es que Marcelo Mallo organizador de esta asociación ilícita hacía flamear en la popular de Quilmes una bandera con la foto de Arturo Jauretche. ¡El delito escondiéndose tras el rostro de un gran pensador!

Ahora bien. El gobierno actual que en algún momento de fascinación por la gloria anticipó que venía a cambiar la historia de los últimos doscientos años, no ha podido siquiera torcer la de los últimos diez. Habría que ser más cuidadoso con las palabras. Se lo oyó decir al Presidente en la intimidad: “Estoy muy triste. Trabajo desde hace años para poner a nuestro país en otro lugar, pero llevará más tiempo.” ¡Ya no le queda tiempo! Los violentos, la marginalidad, los malhechores ¡le tomaron el tiempo Presidente! y fundamentalmente a Horacio Larreta que año a año promete: desde el año que viene las cosas van a cambiar… y siempre lo mismo. De ese modo es fascinante ser funcionario: canapés, exposiciones, desfiles, mucha radio, lindas mujeres, galanes irresistibles y sobre todo mucho champagne, y emolumentos. ¡Los irresistibles emolumentos! Y el ingobernable narcisismo.

No conocen el país ni la idiosincrasia de nuestro pueblo. No estamos en Suiza ni en Noruega. Es la Argentina con una mayoría silenciosa harta de que una minoría violenta apegada al delito y el narcotráfico se haya hecho dueña de la situación. No es como usted dice: “No puede ser la solución militarizar un espectáculo deportivo” ¿Sabe el país que gobierna señor Presidente? Lamentablemente habrá que hacerlo. No se puede domeñar a estos salvajes con maestras jardineras o sicopedagogos. Dos cosas: terminar con la cultura del delito y el caos, y encarcelar a los malvivientes.

Ya no hay medias tintas. El próximo Presidente deberá saber que no queda tiempo. Es hoy, es ahora.

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