
El Gobierno organizó seis anillos de seguridad, desplegó 22 mil efectivos y recibió apoyo logístico de Estados Unidos y blindados todo-terreno de China. El Ministerio de Seguridad, de todas maneras, aceptó que miles de manifestantes que querían expresarse contra la cumbre del G20 en Buenos Aires pasaran por un sector que previamente estaba restringido a los peatones para poder llegar al Congreso. Pero, en los primeros minutos de la marcha, las fuerzas de seguridad detuvieron a 13 manifestantes.
Algunos de ellos tenían escondidos en mochilas morteros, armas blancas, bulones y piedras, y otros tenían antecedentes por «intimidación pública», según le informó el Ministerio de Seguridad a la prensa. El fiscal porteño Federico Tropea ordenó liberarlos de inmediato.
Más tarde, un equipo de la Policía Federal (PFA) detuvo a ocho personas en Avenida Belgrano y San José, también dentro del recorrido de la marcha, con tijeras, cutters, pinzas, banderas estadounidenses, algodón y alcohol. Luego fueron liberados.
A la mañana, en el cruce de la Avenida 9 de Julio y Avenida San Juan, los uniformados descubrieron bombas molotov ocultas dentro de un taxi quemado, según la fuerza, estaban preparadas para lanzarlas durante la marcha anti G20.
