Tres años de gestión y el ciudadano común

OPINIÓN

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Foto: Casa Rosada (Presidencia de la Nación)

Por Antonio Calabrese, abogado constitucionalista, historiador, político. Columnista de lacity.com.ar

 

 

 

 

Se han cumplido tres años de gestión y el país no arranca. Lo que es peor, se encuentra detenido en general y en retroceso parcial, en todo caso, según algunos índices negativos, por ejemplo, en los niveles educativos, en lo social, en el trabajo, en el crecimiento industrial.

Existen algunos atisbos optimistas como en la producción agropecuaria superada la sequía récord del año pasado, en algunos casos, la actuación del poder judicial, que se caracterizó últimamente por no ser el mas valiente de los poderes, pero que, liberado de presiones, transitó el camino correcto caiga quien caiga, o en el posicionamiento internacional, que veremos si sirve para algo.

Pero como el motor al que se le da contacto varias veces y a pesar de ello no se mueve, haciendo cada esfuerzo inútil, porque sigue detenido, la esperanza se va perdiendo tras los intentos.

Parado desde el ciudadano común, aquel que trabaja, que vive de ello, que tiene un ingreso fijo o estipulado previamente, pero que sin embargo ve como se incrementan en forma permanente las tarifas de los servicios públicos, todos ellos sin excepción, los bienes de primera necesidad, los medicamentos, el vestido, ni hablar del esparcimiento, hace tiempo suspendido o reducido a la mínima expresión, vemos una situación angustiante, de incierto porvenir.

Alejado de los números fríos de cualquier estadística, pero con el peso de la presión fiscal encima, de las responsabilidades familiares y cívicas, de los deberes cotidianos, el hombre argentino subsiste, sobrevive sin prever, de acuerdo con los hechos que van sucediendo, un futuro superador.

Es muy probable como dicen, que la herencia haya sido mala, pero los remedios aplicados en tres años no han sido eficaces.

Por estas razones, el ciudadano en vísperas de una nueva elección, tendrá que valorar si fue acertado trasladar a un ejército de CEOs de la actividad privada a la gestión pública o mandar a una legión de muchachos, sin experiencia con apariencia de Harvard, pero que no son de Harvard, a las funciones públicas más relevantes, en vez de buscar a los mejores, a los más expertos, a los que no van a aprender a costa nuestra, sino a los que pueden dejar algo de lo que ya aprendieron.

Porque el pensamiento de que todos los que estuvieron nos dejaron como estamos, no es acertado. Creo fue el primer error del diagnóstico. Porque entre ellos están los que, a pesar de los dislates y equivocaciones de los gobiernos precedentes, por una razón u otra, se destacaron en las áreas de su competencia. De nada sirvió el mérito, los éxitos parciales, el probado conocimiento o la honestidad puesta a prueba. La condena fue a todos, porque en realidad a quien se condenaba era a la política, como si se pudiera gobernar un país o cualquier organización sin ella.

Señor Presidente, los ciudadanos comunes estamos esperando un cambio todavía, despréndase de los arribistas y principiantes y busque a los mejores, a los que se hayan destacado, haga política, y así, tal vez, el ocaso se transforme en alborada.

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