OPINIÓN

Por Lisandro Barry, economista. Especial para lacity.com.ar.
1) Si evaluamos la gestión Macri por los resultados económicos obtenidos hasta ahora, obviamente dista mucho de poder ser calificada como exitosa.
2) Sin duda el lastre de los graves problemas e inconsistencias macro y microeconómicas que recibió del kirchnerismo condicionaron muy seriamente las posibilidades de la gestión económica. Pero creo que, para un gobierno en franca minoría política (parlamentaria y territorial), las «deficiencias» en la gestión política entorpecieron, más que los errores de política económica (que fueron no menores), la capacidad del gobierno de evitar la crisis y, más aún, de pegar un salto de calidad en la economía y en la sociedad en general. En mi opinión, el gobierno eligió mal la manera de afrontar su condición minoritaria: fue por el lado de la negociación caso por caso con los gobernadores en lugar de ampliar de manera más consistente sus bases de sustentación. El ADN del núcleo duro del gobierno, caracterizado -según mi visión- por «preservar la pureza de la raza», prevaleció por encima del realismo de lo posible y «coalisionar» con lo mejor de lo que hay en la oposición, fundamentalmente con aquellos grupos razonables del PJ.
Ese camino, casi desde el comienzo, lo llevó a tener que ceder volúmenes notables de recursos a las provincias -que hoy mayoritariamente son superavitarias- ya sea por imposición de la CSJ o por otros motivos, sin nada perdurable a cambio y perdiendo, así, capacidad de negociación.
3) Además el gobierno erró el diagnóstico y el consecuente accionar económico en varios campos: a) no informó ni adecuada ni profunda ni intensamente a la ciudadanía acerca de la enorme cantidad y volumen de problemas que recibía, b) confió en exceso en que la sola presencia de un gobierno market friendly, que rápidamente resolvía el grave conflicto del default y del cepo cambiario, produciría un flujo intenso y decisivo de inversiones productivas y c) se obcecó durante casi 2 años en aplicar una política antiinflacionaria de metas de inflación en un marco de alta inflación y elevado déficit fiscal.
4) Eso no sólo no produjo una caída sustantiva en la inflación ni una incorporación masiva de inversiones productivas, sino que el único flujo significativo (y previsible) de fondos fue el ingreso masivo de capitales financieros de corto plazo, atraídos por un diferencial de tasas (de interés y de devaluación esperada) determinada por dos factores principales: a) una situación fiscal que no se acertaba o podía resolver en plazos cortos, sin un fuerte consenso político y b) una inflación reprimida por el cepo cambiario y el irresponsable atraso tarifario indujo, o más bien condujo, a una crisis financiera cuyas consecuencias vivimos hoy y que aún no se puede asegurar que se haya terminado.
En definitiva veo una situación difícil y delicada por delante, no imposible de superar, pero compleja y riesgosa de transitar.
