INTERNACIONAL

Este viernes la Asamblea Nacional de Cuba se reúne con el fin de aprobar la nueva Carta Magna, donde el Gobierno de Miguel Díaz-Canel retiró del proyecto de Constitución la modificación que se interpretaría a favor del matrimonio homosexual. Tras el rechazo de este cambio por una parte de la población durante varios debates ciudadanos, la comisión de redacción del texto propuso revisar el borrador original para contentar a los sectores más críticos.
“Se optó por esta solución que intenta ser salomónica: de satisfacer tanto a los prejuicios que todavía se manifestaron en los miles de planteamientos alrededor del tema como a la voluntad política de avanzar en estos asuntos de los derechos humanos y responder a la expectativa del activismo de las personas lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersex”, explica el activista LGBTI Francisco Rodríguez, entrevistado por RFI.
Precisamente el Estado ya había manifestado su intención de avanzar en materia de derechos de la comunidad LGBTI, tal y como dijo el presidente cubano Miguel Díaz-Canel el pasado mes de septiembre. “El enfoque de reconocer el matrimonio entre personas sin limitaciones responde a un problema de eliminar cualquier tipo de discriminación en la sociedad”, afirmó entonces.
En un primer momento, se pretendía modificar la definición de matrimonio como la unión «entre dos personas», en lugar de «entre hombre y mujer». En realidad la rectificación es un matiz: finalmente se ha optado por el término “cónyuges”, que según la Iglesia, los ciudadanos no asocian a personas del mismo sexo.
Ricardo Pereira es obispo de la Iglesia Metodista de Cuba. “Todavía en nuestra cultura se interpreta ‘hombre o mujer’. Eso es lo que le habíamos dicho al gobierno y lo hacíamos basados en los principios bíblicos, pero además teniendo en cuenta nuestra cultura. No ha sido parte de nuestra cultura histórica. Deben tener sus derechos pero no hay necesidad de cambiar el concepto de matrimonio que tiene el pueblo cubano”, sostiene.
