INTERNACIONAL

En la región del Sur del Líbano, los paisajes conservan poco de lo que fue la última guerra con Israel en 2006. Solo los vehículos blindados de UNIFIL, los cascos azules de la ONU, recuerdan el conflicto que cobró la vida de más de 1.000 personas en un solo verano.
Tras ese episodio, soldados españoles y latinoamericanos se sumaron a UNIFIL para apoyar al ejército libanés. Ahora patrullan a diario la zona, especialmente la ‘Blue Line’, una valla -o un muro, dependiendo del lugar- de unos 80 kilómetros de largo que constituye la línea oficial de alto al fuego.
«Nosotros controlamos el cese de hostilidades entre el Líbano e Israel», explica el teniente de caballería Carlos. «Tratamos de identificar algún tipo de dispositivo que pudiera lanzar cohetes o alguna persona haciendo fotos con cámaras profesionales de Israel, ese tipo de cosas.»
El objetivo oficial de los cascos azules no es vigilar a la milicia Hezbolá. Pero en la práctica, sí lo hacen. UNIFIL se encuentra en el cruce de misiles y cohetes que se lanzan Israel y el grupo armado libanés. En 2015, un proyectil israelí, que respondía a una agresión de Hezbolá, mató a un soldado español.
