
¿Un Papa argentino que no se lleva bien con el país ? Es la opinión del periodista Sergio Rubin, sin duda el interprete más autorizado de la voz de Francisco, que tiene amplia viculación con el prelado desde cuando lo conocíamos como Bergoglio.
Dice Rubin «Por motivos diferentes, el papa Francisco y la Iglesia católica en el país dejan atrás un 2018 por demás complicado. El flagelo de los abusos cometidos por miembros del clero acechó al Papa en el sexto año de su pontificado como en ninguno de los anteriores, al punto que el modo en que afronte este problema marcará a fuego su gestión. Por su parte, la Conferencia Episcopal debió pilotear el debate sobre la legalización del aborto, que derivó en pedidos de “separación” Iglesia-Estado y campañas de “apostasía colectiva”, y hechos como la misa en Luján pedida por gremios opositores, que dispararon acusaciones de politización.
Apenas comenzado el año, en enero, Francisco debió afrontar un complicadísimo viaje a Chile, sacudido por los casos de abusos, que –mal asesorado- lo llevaron a cometer el traspié de defender al entonces obispo de Osorno, Juan Barros, acusado de haber encubierto al tristemente famoso sacerdote abusador Fernando Karadima, del cual fue, años atrás, directo colaborador. Ya en el vuelo de regreso debió pedir disculpas ante las evidencias y a su vuelta a Roma ordenar una investigación de un delegado papal, que debió escuchar muchas otras denuncias.
En cuanto a la Iglesia en la Argentina, la habilitación del debate por la despenalización del aborto que dispuso el presidente Mauricio Macri en febrero sorprendió a los obispos. Pero, al igual que un sector del Gobierno, pensaron que el proyecto no pasaría por la Cámara de Diputados y por eso no se involucraron en demasía y dejaron a los llamados grupos “provida” ocuparse del tema. Tras su aprobación en la cámara baja y su pasaje al Senado, salieron a jugar fuerte con declaraciones, misas y reuniones con senadores. A lo que se sumó la ofensiva evangélica.
En junio, el titular de la Pastoral Social, el obispo Jorge Lugones, había dicho en un encuentro de la Iglesia en Mar del Plata que no bastaba “estar y hacer” ante el drama de la pobreza, sino también “sentir”. Así, cruzó a la oradora anterior, especialmente invitada, la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal. El episodio llevó a varios obispos a disculparse con Vidal. Por otra parte, en el Gobierno vieron la mano de Lugones detrás de la entrega por parte de una multisectorial de un crítico diagnóstico económico y social, que ocurrió a principios de diciembre.
En la tradicional visita de la cúpula del Episcopado al presidente de la Nación para transmitirle los saludos navideños, parecieron limarse asperezas. Por lo pronto, un diálogo que iba a durar media hora se prolongó más del doble. Con todo, está claro que la Iglesia seguirá en el nuevo año advirtiendo sobre la creciente pobreza que patentizó el último informe de la UCA. Pero sabe que deberá afrontar los cuestionamientos de parcialidad política y las duras críticas de los más fervorosos defensores de la despenalización del aborto, un asunto que volverá.
¿Acaso el Papa y la Iglesia argentina imaginaron que 2018 sería para ellos tan difícil?
(Sergio Rubin habitual colaborador de Lacity.com.ar, en TN).
