OPINIÓN

*Escribe el analista internacional Juan verde, especial para LaCity.com.ar
El importante avance de la crisis venezolana se extiende más allá de su faceta humanitaria y política, nos encontramos frente a una situación que presenta condimentos geopolíticos que actualmente amenazan con alterar sustancialmente a la región en su conjunto. La reciente asunción de Nicolás Maduro como Presidente de la República Bolivariana de Venezuela abre un nuevo capítulo plagado de especulaciones y acompañado por un cúmulo de incertidumbre en relación a cómo se desarrollarán estos seis años de mandato que finalizarían en el año 2025.
Lo cierto es que tanto el Tribunal Electoral, máximo responsable en temas electorales, como el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) de Venezuela, consideran válidas las elecciones que consagraron a Maduro como Presidente. Por su parte, Juan Guaidó, en su calidad de Presidente de la Asamblea Nacional (AN) se declaró presidente interino de Venezuela, recibiendo rápidamente el apoyo y reconocimiento como legitimo mandatario de la república por parte de varios miembros de la comunidad internacional, desató una división de la misma.
La mismísima ceremonia de asunción presenta particularidades, en primer lugar, se efectuó en el Tribunal Supremo de Justicia, en lugar de la Asamblea Nacional, tal y como se encuentra establecido por la Constitución. Resultaría natural entonces, asumir que las funciones de la AN habrían sido tomadas por la Asamblea Nacional Constituyente (ANC). También se pudo apreciar que la solidez demostrada por el Grupo de Lima al cuestionar la legitimidad de la elección de Nicolás Maduro, se vio afectada cuando los Encargados de Negocios de México y Uruguay en Caracas, dos de los trece países integrantes del grupo, participaron de la ceremonia de asunción de mando. Ceremonia en la que Maduro grito “Viva México”, en aparente respuesta a la decisión del Presidente López Obrador al reafirmar el principio de “no intervención en asuntos extranjero”.
Por su parte, la jerarquía católica venezolana, que mantiene un duro enfrentamiento con el gobierno de Maduro, se vio en cierta forma cuestionada cuando El Vaticano autorizó que el Encargado de Negocios de la Nunciatura en Caracas participe de la ceremonia de asunción del mando. A su vez llama la atención que el Gobierno de los Estados Unidos de América, impulsor de varias sanciones a importantes funcionarios del Gobierno de Venezuela y que no reconoce a Maduro como legitimo Presidente, mantiene a su vez estrechas relaciones comerciales con una balanza comercial totalmente favorable a Venezuela, cabe destacar que esta es una vital fuente de recursos que Maduro utiliza para afianzarse en el poder.
La oposición ha fracasado en estos últimos 18 años por cuanto no ha logrado afianzar el apoyo de los principales actores internacionales ni ha sido efectiva en sus intentos de coordinar una ofensiva consistente y unida, una de las derrotas más duras que debió afrontar fue cuando desde el 2 de diciembre del 2001 y hasta el 3 de febrero de 2002 impulsó un “paro nacional o paro petrolero” que le permitió a Chávez tomar el control total de la industria petrolera y echar de la estatal PDVSA a aproximadamente 15.000 trabajadores, muchos de ellos calificados y que hoy trabajan fuera de su país. Algunas fuentes señalan que las pérdidas para el país alcanzaron los 90.000 millones de dólares y que incrementó la ola emigratoria de ciudadanos venezolanos.
No obstante ello, Juan Guaidó, joven opositor formado en las luchas estudiantiles de estos últimos años y que goza del respeto de la oposición, fundamentalmente de los grupos desencantados con el chavismo, deberá probar que su escasa experiencia de gestión no es un obstáculo para liderar tamaño desafío.
También es un hecho a tomar en cuenta que el chavismo duro siempre ha demostrado determinación y capacidad de lucha, las malas lenguas dicen que lo hacen con la planificación y de la mano de los cubanos, no lo sé, pero prueba de ello es que en internet se pueden ver fotos de altos funcionarios de gobierno, arma en mano, defendiendo el otrora gobierno de Hugo Chávez. Muchos observadores políticos señalan que un importante número de funcionarios cubanos se encuentran trabajando/controlando las áreas sensibles de la economía de Venezuela y que la caída del Gobierno de Maduro sería un duro golpe a la economía de Cuba, quien luego de la crisis generada a raíz de la caída de la Unión Soviética no se puede dar el lujo de perder a uno de sus más grandes aliados económicos y estratégicos.
Por su parte la influencia de Rusia no solo se restringe a aspectos económicos, la misma se extendió al militar, recordemos que Venezuela permitió que aviones estratégicos rusos aterrizaran en su territorio y que, al regresar a sus bases, lo hicieran utilizando el espacio aéreo de Nicaragua para cruzar desde el Atlántico al Pacífico.
Cabe destacar que en estos últimos días la Federación Rusa ha hecho recurrentes llamados al dialogo entre la oposición y el gobierno y califica como “un hecho alarmante” el reconocimiento del Presidente de la Asamblea Nacional como Presidente de Venezuela, en lugar de Nicolás Maduro. Si este llamado lo analizamos utilizando a la historia como guía, vemos que generalmente quien llama al diálogo es quien considera estar en condiciones de ganar. Deberemos esperar cómo se desenvuelve.
Tampoco habría que minimizar la influencia que ejercen sobre el Gobierno de Venezuela países como Irán, China, Turquía o Siria, entre otros. Ejemplo de la influencia rusa es la participación en la ceremonia de asunción del mando de Maduro de los Presidentes de Abjasia y Osetia del Sur, países no reconocidos por la Organización de las Naciones Unidas ONU pero que a solicitud del gobierno ruso han sido reconocidos por Nicaragua y Venezuela como también lo hizo la República Árabe Siria en 2018.
Quizás despierte su curiosidad saber que los conflictos de Abjasia y Osetia del Sur presentan características similares a las que Ucrania mantiene con Rusia por Crimea y que tensa la relación de Rusia con la OTAN.
Lamentablemente hoy se escucha, con cierta frecuencia, el llamado a los militares venezolanos a apoyar a la oposición y hasta la AN ofrece una reinserción democrática a todos los efectivos policiales y militares que ayuden en el desalojo del poder de Maduro, olvidándose, tal vez, de las especiales herramientas de trabajo que ellos utilizan. En este sentido habría que recordar el accionar de Oscar Pérez, piloto de helicóptero e inspector de la policía científica de Venezuela, quien atacó al Tribunal Supremo de Justicia a fines del año 2017 con el objetivo de que miembros de las fuerzas armadas se solidaricen para lograr un alzamiento popular que conlleve a la caída del presidente. Pérez murió pocos meses después de su ataque al TSJ junto a cinco de sus compañeros sin haber logrado su objetivo y sin los recursos necesarios para afrontar su lucha. Ni siquiera la masonería, a la cual Pérez pertenecía, tuvo una posición unánime respecto a su accionar y posterior muerte.
Se dijo en su momento que, para plantearse una misión de esa naturaleza se necesitan recursos de manera sostenida, recursos que, hasta ese momento, por suerte o no, no estaban disponibles.
Podemos asumir que Venezuela hoy está siendo duramente cuestionada por la mayoría de los países de Hispanoamérica, así como lo estuvo Cuba en su momento y que el pasado 1 de enero la revolución cubana cumplió su 60 aniversario, pero que al mismo tiempo cuenta con apoyos internacionales que le permiten resistir, sin perjuicio del elevado costo que esta situación le produce.
La comunidad internacional está obligada a cambiar su enfoque contemplativo y hacer un uso coordinado de la herramienta idónea para esta tarea, la diplomacia. Los líderes políticos, los formadores de opinión, los académicos y analistas políticos deberían dejar de lado las palabras altisonantes e impulsar el trabajo de la diplomacia, en especial de la región, a fin de intentar a través de un esfuerzo mancomunado una solución efectiva que proteja a Latinoamérica y especialmente al pueblo venezolano de un desenlace desafortunado.
