OPINIÓN

Escribe Carmen Verlichak, miembro de la Academia de Artes y Ciencias de la Comunicación, especial para Lacity.com.ar
Yugoslavia fue armada como tal por las potencias vencedoras de la Primera Guerra mundial al finalizar la misma; duró 75 años y desde hace ya unos 25 se fue desmoronando, más o menos cruelmente.
Estuvo compuesta por seis países: Eslovenia. Croacia, Bosnia Herzegovina, Serbia, Montenegro y Macedonia. Había, además, dos provincias autónomas: Kosovo y Voivodina. La hegemonía siempre la tuvo Serbia, también en esto, más o menos cruelmente, según los años. Por esta hegemonía, Serbia fue siempre la interesada en que siga adelante esa reunión compulsiva de países y de ahí su respuesta bélica a las declaraciones de independencia.
Croacia y Eslovenia se independizaron en 1991 y los dos países están en la Unión Europea y en la OTAN, pertenencias que los ampara de conflictos como la agresión sufrida en los años 1991-1995, que muy poco tocó a Eslovenia y sí mucho a Croacia y Bosnia Herzegovina. Macedonia también se separó en 1991.
En 1992 se separó Bosnia-Herzegovina lo que devino en esa guerra tremenda de la que salió dividida en tres, según el acuerdo de Dayton (1996). Fue un acuerdo que dejó por lo menos descontentos a una enorme cantidad de bosnios. Un descontento que no se puede dejar de tener en cuenta. Así como también sufren el que Serbia no quiso reconocer como genocidio la matanza de más de 8000 hombres perpetrada en Srebrenica en un día, el 11 de junio de 1995.

Finalmente quedaron Serbia y Montenegro y las dos provincias autónomas. Luego, en 2006 se escindió Montenegro.
Ya caía el muro de Berlín cuando la provincia autónoma de Kosovo –de enorme población albanesa- mostraba en 1989 su descontento con Serbia. Kosovo fue el detonador de lo que se convirtió en la guerra de 1991-1995.
Y en 2008 se declaró independiente. Unos 110 países la reconocen, como la mayor parte de Europa, los EE. UU. y Canadá, pero no la reconocen ni México ni España ni Argentina ni Rusia ni Brasil ni un largo etcétera.
Por lo tanto, tiene una situación ambigua que, por ejemplo, no le permite participar en muchas de las competencias deportivas internacionales, como el fútbol. Pero Kosovo comenzó a tener ejército.
Se habla, y de manera sostenida, de cambiar las fronteras de manera de quedar junto a Albania. Ya hay un acuerdo firmado en ese sentido. Albania de mayoría musulmana nunca formó parte de Yugoslavia, fue un país herméticamente cerrado que vivió el régimen estalinista más duro y más largo que haya existido.
La idea de cambio de fronteras está sostenida por los EE. UU. pero Alemania la desecha. Rusia también está involucrada en esto y se considera que la cuestión no podrá resolverse sin los EE. UU.
Los serbios tienen una situación especial porque consideran que allí, precisamente en Kosovo, es el lugar de nacimiento de serbia. E idealizan la famosa batalla de 1389, de la que salieron perdedores.
Por su parte, Macedonia parece haber logrado que se la denomine Macedonia del Norte y no República exyugoslava de Macedonia como hasta ahora se llamó, desde 1991. Nombre que nunca había aceptado.
Serbia en estos momentos pasa por una serie muy sostenida de protestas callejeras en contra del gobierno. En estos días, recibió la visita de Vladimir Putin y espera que sea un espaldarazo al gobierno actual en su agitada gestión.
Hoy, la provincia autónoma de Voivodina es la única que quedó en la órbita de Serbia.
