OPINIÓN

Por Antonio Calabrese, abogado constitucionalista, historiador, político. Columnista de lacity.com.ar
Como en los versos de Baldomero Fernández Moreno, de tantos candidatos balconeando y ninguno sobresaliendo por mérito o talento, sin una flor que exhibir, se desgaja el peronismo, en una lamentable babel sin reconocer una ideología que lo identifique o le de coherencia.
Más que nunca sus múltiples candidatos demuestran que tal partido se transformó definitivamente en el del poder, es decir aquel que solo cobra sentido desde la Casa Rosada, porque desde allí da para cualquier cosa, desde la derecha neoliberal hasta la izquierda anticapitalista, amiga de Chávez y Fidel.
Por supuesto que a ninguno importa lo que pensaba Perón o lo que decía el líder sobre las derechas y las izquierdas, es más, ya no es una cuestión de tales extremos, socialcristianismo, socialdemocracia, sino una alquimia que junte los votos para llegar al poder, solo eso.
Massa que perdió en su propio pueblo, Tigre, Randazzo borrado del mapa electoral después de una anémica cosecha de votos, Urtubey el opositor más oficialista que se conozca, los hermanos puntanos hoy enfrentados entre sí por el poder del feudo que se puede esfumar y cuantos más, sin contar con el fantasma del kirchnerismo, cada vez más alejado del peronismo envuelto en una manto de corrupción sin precedentes y Córdoba que vive su mundo aparte.
Ni una flor.
Tal vez una que surge entre bambalinas, lejana, pero con méritos suficientes como para decir que no va a competir con aquella loca comparsa, sino que aglutinaría por su trayectoria, por sus méritos, por sus antecedentes y por la aceptación generalizada e indiscutida de la seriedad de su figura cargada de medallas académicas y de gestión.
Si, Roberto Lavagna, dice aquí estoy yo, lejos de vodeviles y declamaciones, interpretando, tal vez, el hartazgo generalizado hacia una clase política fracasada y sin retorno en el corazón del ciudadano.
Si se quieren dar cuenta, tienen una oportunidad y sobre todo le dan un respiro al pueblo argentino que ya empezó a sufrir por los próximos cuatro años, que todavía no empezaron.
