INTERNACIONAL

La gira de Rohaní, anunciada como «histórica y noble» por su ministro de Asuntos Exteriores, Mohamad Yavad Zarif, está destinada a reforzar los lazos entre el poder chiita iraní y el Gobierno iraquí. Durante el primer día de la visita se firmaron documentos en materia de cooperación comercial, atención médica, temas energéticos, asuntos consulares y sobre una línea de ferrocarril que uniría el suroeste de Irán con la región iraquí de Basora, rica en petróleo.
Shahtahmasebi señala que también «se acordó reavivar sus obligaciones en virtud de los acuerdos de Argel», lo que podría «prevenir futuros conflictos entre las dos naciones», y la «posible inclusión de Siria en la Liga Árabe» por los «intereses comunes» entre Irán e Irak en territorio sirio por derrotar a grupos terroristas como el Estado Islámico o Al Qaeda.
Además Irán tiene intención de aumentar el volumen de comercio con Irak hasta 20.000 millones de dólares desde los casi 13.000 millones actuales, según informó la agencia AP el pasado 10 de marzo. En 2018 el valor de las exportaciones de Irán al país vecino alcanzó la cifra de alrededor de 9.000 millones de dólares. En vista de estos hechos, el analista manifiesta que «es completamente ingenua» la idea de que Bagdad «pueda ser manipulada para que se convierta en una plataforma de lanzamiento, una plataforma de espías o desempeñe papel alguno en la destrucción del Estado iraní».
Si bien «EE. UU. haría bien en aprender este dato», añade, «eso es algo que la Administración actual se niega a hacer». Con los nombramientos de Mike Pompeo y John Bolton, el presidente estadounidense, Donald Trump, «ha establecido su propio eje del mal», que «está empeñado en llevar a Irán a las ruinas».
Las imágenes de Rohaní siendo recibido en Bagdad con desfiles, así como las fotos en las que se le ve dirigiéndose a visitar al ayatolá Ali al Sistani, han tenido una amplia circulación en las redes sociales. La «ironía» de esta situación, afirma Shahtahmasebi, es que, si EE. UU. no hubiera invadido Irak y sacado a Saddam Hussein del poder», Teherán y Bagdad «jamás se hubieran encontrado en una posición en la que ambos fortalecieran sus lazos al nivel que estamos viendo hoy.
