INTERNACIONAL

A poco nomás de que Jorge Bergoglio fue electo comenzaron los vaticinios sobre su eventual visita a su patria. Pero todos ellos terminaron resultando errados: seis años después de aparecer en el balcón de la basílica de San Pedro como nuevo pontífice sigue sin venir.
Por eso, cualquier nuevo pronóstico requiere abrazarse fuerte a la cautela manifestó Sergio Rubin, el periodista que conoce más a fondo la trayectoria de Francisco de quien es además su amigo personal.
Sin embargo, en los últimos días hubo una señal ─o, al menos, así la tomaron los observadores que siguen con atención el quehacer eclesiástico nacional─ de que el meneado viaje podría haber ingresado, finalmente, en la cuenta regresiva y que el otoño de 2020 sería el momento elegido por el pontífice para concretarlo.
Porque en esa dirección se leyó una reciente declaración de los 100 obispos de todo el país con motivo del sexto aniversario de la elección de Francisco, que se cumplió el miércoles, en la que revelaron que en la visita que le harán en las próximas semanas le dirán que «no se prive de la alegría de visitar su país».
Los obispos lo verán en tres tandas entre fines de abril y principios de mayo en el marco de la visita “ad limina apostolorum” (a los umbrales de los apóstoles), que todos los prelados del mundo deben hacerle periódicamente a quien ocupa el papado. Esta será la primera de sus compatriotas a Francisco.
¿Y por qué aquella mención fue una señal? Como la actual conducción de la Iglesia argentina está muy alineada con el Papa, los analistas del quehacer eclesiástico no creen que la hayan hecho sin haberla acordado con el propio Francisco. Porque, dicen, sería impensable una presión de estos obispos hacia él.
Hasta hora Francisco no vino a la Argentina porque en El Vaticano consideran que “no están dadas las condiciones”. Se refieren a que el Papa cayó en la grieta ideológica que divide a los argentinos y que su visita podría quedar envuelta en tironeos riesgosos que oscurecerían el viaje.
