INTERNACIONAL

El inédito pedido del presidente de México de que la Corona española y la Iglesia católica pidan perdón por los «agravios» cometidos durante la conquista de América ha desatado una marea de furibundas reacciones.
«El jefe del Estado, el rey Felipe VI, no tiene que pedir perdón a ningún país, y no va a ocurrir esto», dijo la vicepresidenta del gobierno socialista español, Carmen Calvo. «Que se disculpe él, que tiene apellidos españoles y vive allí. Si este individuo se cree de verdad lo que dice, es un imbécil. Si no se lo cree, es un sinvergüenza», había lanzado horas antes el escritor Arturo Pérez-Reverte, buen conocedor de México.
El autor ya dijo hace dos semanas en la presentación de su libro «Una historia de España» que hay una empresa de «demolición» de lo que representa su país natal, y que apunta a su historia, su pasado y su monarquía.
Un argumento al que volvió con fuerza este martes, declarándose en un trino «harto de que la historia de España, con tantas luces y sombras como la de cualquier otro país, se haya convertido en el tiro al blanco de todos los demagogos, oportunistas y golfos de dentro y de fuera». En un gesto sin precedentes en la historia reciente de México, López Obrador, nieto de un español, dijo el lunes haber enviado «una carta al rey de España y otra carta al papa (Francisco), para que se haga un relato de agravios y se pida perdón a los pueblos originarios por las violaciones a lo que ahora se conoce como derechos humanos».
