OPINIÓN

Por Antonio Calabrese, abogado constitucionalista, historiador, político. Columnista de lacity.com.ar
La Rosa blindada, acuñada por Raúl González Tuñón con motivo de la insurrección obrera de Asturias en la década del 30 del siglo pasado, señalando al socialismo (la rosa) listo para la lucha o la confrontación total (blindada) y 30 años después La Naranja Mecánica de Anthony Burguess, exponiendo la insolencia y también la estupefacción del pensamiento en la compulsa, el cotejo, entre la mecanicidad creciente y la naturaleza. La brutalidad de la máquina impulsada por el hombre ante la belleza, el aroma, la vida, la plasticidad, de la obra impulsada en definitiva solo por Dios o el genio creador.
Esos contrasentidos y la vanguardia del surrealismo nos dejaron, queriéndolo o no, dos títulos para la historia.
Ahora, después de la ridícula comunicación por YouTube del presidente, una falta de respeto a la inteligencia y a la seriedad de un acto de gobierno que nos afecta a todos, y la conferencia de prensa pluriministerial tratando de explicar lo inexplicable, es obvio que se está ante otra situación para caratularla con cualquiera de los dos títulos.
Después de casi cuatro años de una conducción económica desastrosa, que no siguió ningún parámetro ideológico, doctrinario, científico, que colapsó un sistema que ya venía mal pero que lo dejó peor, volvió al Kirchnerismo. Habría que preguntarle si las medidas se las recetó Axel Kiciloff.
Son de un dirigismo rudimentario, tercermundista, marginal, ni siquiera recomendables para Cuba en un paso precapitalista, aunque también podrían calificarse a la inversa como la etapa final de un capitalismo en derrota, en retirada.
Solo falta que cuando fracasen, o aun antes, en la desesperación electoral, nos agreguen el control de cambios total, que ahora con el congelamiento de la banda es solo parcial, lo que nos deparará como colofón otro corralito para el dólar.
Esto pasa por no aprender de la historia y entregarles la economía a los radicales, aliados en «Cambiemos», que ahora protestan y amagan partir, cuando el error crucial de la misma y su impopularidad fue precisamente el desastre económico, únicamente imputable a los radicales que manejaron ese Ministerio o esa área desde el principio hasta el final.
Desde Prat Gay hasta Dujovne fueron los correligionarios, con carnet de afiliación o no, los responsables, quienes deben hacerse cargo de otro fracaso rotundo, hechos por los que la ciudadanía los aparta siempre, históricamente, del poder, repudiándolos con los votos.
Illia, terminó con el autoabastecimiento petrolero y el progreso pujante que dejó Frondizi, el radical menos radical y mas progresista de la mano de Frigerio, el marxista devenido en Keynesiano, que con su genio le dio, en años, el primer respiro a la nación que bajo aquella primavera se esperanzó.
Illia, un hombre honesto, aptitud indispensable, difícil de encontrar hoy, debo reconocer, pero que no basta para manejar un país complejo como la Argentina, nos perjudicó enormemente, en lo interno con el retroceso que representó su medida, que paralizó el sistema, y en lo externo con la descalificación de la Argentina, que no cumplía sus compromisos serios por primera vez, apartándonos de las naciones integradas, como algunas de nuestras vecinas, que crecían aceleradamente al impulso de la alianza externa traducida en inversiones, las que nosotros empezamos a perder siendo repudiados por los mercados de capitales y los grandes centros de producción y consumo.
Con Alfonsín tuvimos las dos hiperinflaciones que se estudian en todos los manuales del mundo como ejemplo del desorden, la demagogia y la ignorancia, fue un récord mundial, lo que nos exime de comentarios.
De la Rúa, pobre, en cambio, en una imagen retro, se quedó con el uno a uno, cuando esto ya estaba perimido y constituía una rémora, según la opinión casi unánime del país, llevándolo al colapso de la producción, el consumo, el desempleo, creando grandes bolsones de pobreza, en el gran Rosario, en los arrabales de Córdoba, y de todas las grandes ciudades incluido, por supuesto, el peligroso conurbano bonaerense.
Con estos antecedentes, Macri les entregó nada menos que el manejo económico, (lo que demuestra un pobre talento para seleccionar los recursos humanos) y nos llevaron al punto de partida, pero en peores condiciones, al control de precios, a bandas congeladas de cotización del dólar, a pretender la reactivación del consumo con créditos extraños que nadie sabe cómo se van a pagar o como se recuperará el dinero que se pierda por una inflación que supera las tasas de interés electorales, como si eso no generara más inflación todavía.
Por favor señor Presidente, entrégueles el Ministerio de Justicia, llene los tribunales de jueces radicales, si le parece, nombre a todos los radicales embajadores, aunque creo que igual sobrarían embajadas porque pienso que no hay tantos como para cubrirlas, pero sáquelos del Ministerio de Economía o de Hacienda.
Haga ductos que los lleve sin tocar nada, directamente al Palacio de Justicia o al Palacio San Martín, o al Río de la Plata si prefieren, allí seguramente encontraran los puestos que ansían, pero por favor sáquelos, evacue el ministerio de economía de radicales o terminaremos como en un cuadro de Dalí, hablando de surrealismo, en el mejor de los casos, como ciudadanos que se derriten y consumen ante el fuego de la torpeza, el desconocimiento y la inexperiencia.
