INTERNACIONAL

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«Aunque el cuerpo de Mike Pompeo ha entrado en el siglo XXI, su cabeza permanece en el siglo XX», dijo el embajador de China en Chile, Xu Bu, respondiendo de esa forma al secretario de Estado de EE. UU., quien en medio de su visita a Santiago aseguró que el gigante asiático «inyecta capital corrosivo».
Según el jefe de la diplomacia estadounidense, la nación asiática propaga la corrupción y «horada la buena gobernanza», por lo que alentó a los países latinoamericanos a «evitar estos acuerdos que llevan a la trampa de la deuda», confirmando de ese modo la preocupación e inquietud que genera el avance chino en la región.
Ante esas palabras, el representante de China en Santiago fue claro. «El señor Pompeo ha perdido la cabeza y ha llegado demasiado lejos», comentó a los medios de comunicación chilenos, protagonizando una inusual intervención.
No es común ver a un diplomático extranjero expresando tan abiertamente su opinión. Sin embargo, la réplica de Xu no es casual. Es parte de la estrategia de la política exterior china, la cual se ha intensificado en los últimos años y cuyo cambio comenzó hace más de tres décadas, de la mano de la apertura económica impulsada por Deng Xiaoping a partir de 1978 que elevó al país como la segunda potencia mundial.
A pocos días de la visita de Estado del Presidente chileno Sebastián Piñera, y en medio de la pugna que mantienen con EE. UU., cabe preguntarse por las claves del método diplomático chino, el cual le ha permitido transformarse en el primer socio comercial de Chile, Brasil, Uruguay y Perú, entre otros. Sin ninguna duda, la fortaleza financiera china como la debilidad de los países involucrados en el mismo terreno.
