INTERNACIONAL

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«IRA, ejército invicto, revolución inacabada»… La pintada llevaba meses cubriendo el muro más visible de Creggan, el barrio más republicano de Derry, más allá del conflictivo Bogside, con sus calles desoladas y engalanadas con la bandera tricolor de la República de Irlanda. A pocos metros de allí fue asesinada Lyra McKee, de un disparo en la cabeza. Un hombre enmascarado, miembro del así llamado Nuevo IRA, apuntó hacia un coche policial en mitad de los disturbios. La joven periodista se encontraba cerca y pagó con su vida. Fue como si los relojes retrocedieran 29 años, la edad que tenía Lyra. De vuelta a los tiempos sangrientos del conflicto que no cesa en Irlanda del Norte.
«IRA, ejército vencido en el 2019, revolución acabada»… Una mano anónima ha retocado estos días la pintada, y ante ella desfilan a diario decenas de vecinos de Creggan, donde dos de cada tres niños viven bajo el umbral de la pobreza en un enjambre de sombríos barracones con apariencia de viviendas sociales. En Fanad Drive ha surgido un altar en memoria de Lyra, pero las flores están ya secas. Si llamas a las puertas, no te abren. Si preguntas en la calle, la gente prefiere no hablar. Los vecinos siguen parapetados en sus muros.
«Estamos traumatizados y el silencio no se va romper de un día para otro», reconoce Emmet Doyle, un trabajador social que asistió como testigo a los disturbios del 18 de abril, cuando la policía inició los registros caseros ante la conmemoración del Alzamiento de la Pascua. «En medio del tumulto, el primer disparo no pareció real, pero los que vinieron después sí que lo fueron. Todos salimos corriendo… Cualquiera podría haber sido alcanzado, incluidos los niños y los jóvenes que presenciaban la escena».
Pese a las herméticas apariencias, algo ha empezado a cambiar de puertas hacia dentro, según atestigua Stephen Mallett, otro activista comunitario en el barrio manchado de sangre: «El asesinato de McKee ha unido a la comunidad contra los disidentes. Han tocado fondo, no van a conseguir dinero para sus actividades… Aunque el problema real es la exclusión social, tan patente en Creggan. Los años de austeridad han hecho mella en la gente joven, y la agresividad de las tácticas policiales ha hecho el resto. Los jóvenes que nacieron después del Acuerdo de Viernes Santo son la carne de cañón del Nuevo IRA».
