OPINIÓN

Por Antonio Calabrese, abogado constitucionalista, historiador, político. Columnista de lacity.com.ar
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Después de una larga militancia que supera el medio siglo, escuché el jueves pasado un discurso, al que aspiré toda una vida.
Desde su bunker en CABA el candidato a Vicepresidente se dirigía a los peronistas allí presentes de una manera serena, con un mensaje equilibrado, con conceptos prudentes, con contenidos honestos, con seriedad, sin frases hechas o golpes de efecto en campaña.
Pichetto hablaba por fin del capitalismo de manera sensata, sin sonrojarse, como tiene que ser, porque en definitiva es el único sistema existente, porque será un capitalismo de estado en el dirigismo o un capitalismo privado en el liberalismo, según se considere a la propiedad de los medios de producción, pero en definitiva la acumulación de capital será el motor de la economía.
Se pronunció contra el cepo en el mercado de capitales, como el anunciado por la oposición, que no hace más que continuar cuesta abajo cada vez que saca a la luz alguna de sus ideas centrales, mientras esconde por otro lado a la expresidente y sus acólitos con más de un centenar de procesos infamantes, aspirantes al indulto.
Dijo lo que todos saben pero no se animan a condenar. La victoria en Octubre permitirá acabar con el Kirchnerismo, que desde la candidata a vicepresidente, y con la digitación de las listas a favor de la Cámpora, nos lleva a edificar un modelo alejado de lo que el peronismo siempre fue y por ende su derrota nos permitirá recuperar de manera republicana no solo a un partido político, agrego yo, sino a una doctrina extraviada.
Pichetto le aporta a la formula del Pro, nada menos que la cuota política indispensable de la que careció el gobierno estos últimos cuatro años.
Su discurso, con contenido, alejado de toda frivolidad, reconociendo errores o aspectos a modificar como en la economía, la búsqueda de acuerdos entre los sectores del trabajo y la producción para modernizar un país que se quedó en el tiempo, la reivindicación de convenios o consensos como el logrado después de años con la Comunidad Europea, a pesar de las absurdas críticas de una izquierda que a esta altura parece anterior, todavía, a Marx, que solo destila rencor e ignorancia, intentando preparar su fuga de la justicia, es un aire fresco que revitaliza a un ambiente tóxico como la política argentina.
Nada es posible sin política, sin consensos, sin acuerdos, expresando solo al pensamiento único que uniforma a la mediocridad,
Reivindica una postura de centro que se adecua a las costumbres y a la cultura argentina que nada le debe ni tiene que ver con Cuba o Venezuela, por ejemplo, dos regímenes a los que se niegan a condenar los candidatos de la oposición a pesar de sus represivas y criminales gestiones (según algunos en Venezuela llevan más de 7.500 muertos).
Creo que esta postura, espero que no sea tarde, salvará a la Argentina, a este gobierno de transición, y puede salvar al peronismo de ser absorbido por fundamentalismos ajenos.
Estuvo muy bien al recordar a Napoleón al decir que lo más difícil es la decisión, que es lo que nos espera a los argentinos, primero en Agosto y después en Octubre. Porque la decisión es volver a tropezar como en el pasado o buscar una verdadera renovación que nos adecue a los tiempos que vivimos.
Y para rematar con aquello que Borges pone en boca de Chiclana, al decir que en la opción: ante la duda, el coraje.
El coraje que es la corrección del rumbo, nunca el regreso; que es el cambio, que es abrir sendas para encontrar nuestro destino.
