Perspectivas argentinas (I)

OPINIÓN

paso
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Por Hugo Flombaum, analista político. Columnista de LaCity.com.ar.

 

 

¿Y ahora qué?

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Y ahora nada, ¿Qué pasó?, nada. Nada que no conozcamos, nada que no le pase a tantos y tantos pacientes que sufren de una enfermedad crónica que no logra encontrar a un equipo médico que le proponga un tratamiento de cura y entonces recurre a un placebo para calmar el dolor y las consecuencias más molestas de la enfermedad.

No existe ninguna posibilidad de que un paciente afronte un tratamiento de cura difícil, doloroso y largo si no le cree al médico que se lo propone. Mucho peor si se comienza el tratamiento y el médico le pronosticó que todo sería con felicidad y resulta de un dolor insoportable. El paciente ni siquiera quiere seguir el tratamiento, porque el médico le mintió.

Entonces viene el viejo médico que no lo curó, pero que le calmó el dolor y le hizo transitar la enfermedad con cierto confort y bueno, el enfermo prefirió eso a seguir con éste que me lleva a un sufrimiento, engañado y sin poder siquiera saber dónde, cuándo y cómo será el final.

Busqué esta parábola para intentar definir el momento en el que nos encontramos, nuestra enfermedad no es terminal, porque los pueblos difícilmente desaparecen, pueden pasar largo tiempo de escasez, se puede perder gravitación en el mundo, se puede perder, por migración, a sus mejores exponentes, pero ese pueblo seguirá latente hasta que un líder con un grupo de acompañantes los convoque al resurgimiento y lo acompañe.

Nuestra enfermedad avanza y se dispersa por el cuerpo de nuestro proyecto de Nación, comenzó siendo institucional, pasó a ser ética y moral. Hoy debemos reformar nuestras instituciones, nuestra justicia, nuestra economía, nuestra distribución poblacional, nuestra educación, nuestra salud, etc. Imposible creer que, desde un sector, o desde un grupo iluminado se puede encarar esas reformas desde una parcialidad.

Viviremos, cualquiera sea el final de estas elecciones, cuatro años más de espera. O con más sufrimiento o con un placebo que engaña, pero sin resolver nuestros problemas estructurales.

Si el camino elegido es el placebo debemos saber que cada vez le sirve a menos gente y que sus efectos cada vez dura mucho menos tiempo.

Si por alguna improbable casualidad elegimos seguir el sufriente tratamiento, debemos saber que ningún proceso social puede llegar a buen puerto si no es asumido por una gran mayoría como propio.

Una acotación preocupante. Vemos azorados como los «lideres» de otros pueblos de esta aldea global opinan sobre nuestro devenir. En la época de los estado-nación era impensable que algo así sucediera. Pero es tan poco lo que pueden influir en la corriente de intercambios globales lo que hacen los supuestos gobernantes de los débiles estados, que todo quedará en anécdotas.

El insólito presidente de Brasil diciendo sandeces mientras el presunto futuro presidente de Argentina lo denigra en forma personal. En otro momento, considerando la importancia de las relaciones económicas entre los dos países hubiera generado una crisis de gran magnitud, pues bien, los directivos de las empresas globales que se asientan en ambos países se preocupan, toman recaudos, pero siguen sus planes, sabiendo que esos estados poco pueden modificarlos.

Son pocos los argentinos que creen que Argentina tiene una cura fácil y rápida, pero es imposible convocarlos a las transformaciones necesarias sin el convencimiento, sin la voluntad puesta en paralelo de todos o por lo menos de la gran mayoría y con la solidaridad como bandera para que los que más sufran reciban del resto la contención necesaria.

La famosa grieta tiene muchas versiones, muchas formas de expresarse, de nada sirve si se tratan de delincuentes unos a otros, más allá de que algunos lo sean, no son millones de delincuentes de un lado y del otro. Son distintas formas de pensar, de ser, de relacionarse.

Es comprensible que cada uno defienda su verdad con vehemencia, pero si no logramos que un grupo de dirigentes encabece un proceso de aglutinamiento que logre poner en paralelo la voluntad de una gran mayoría de los argentinos tras una epopeya de transformación toda ilusión quedará en una nueva frustración.

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