Opina Hugo Flombaum: Rompamos el espejo

OPINIÓN

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Foto: Patrick Marioné

Por Hugo Flombaum, analista político. Columnista de LaCity.com.ar.

 

 

 

 

Lectura: 6 minutos

La relación del ser humano con el espejo es de vieja data, todos de alguna manera nos peleamos con él cada vez que nos enfrentamos a una realidad que no nos gusta.

Claramente todos sabemos que el culpable no es el espejo, que ese adminículo no hace otra cosa que enfrentarnos con la realidad, pero como muchas veces no nos gusta, es más fácil enojarnos con lo que vemos que enfrentarlo y modificarlo o simplemente asumirlo.

Esa es la situación a la que nos llevó esta cultura del facilismo que invadió nuestro país desde la década del 60 en adelante. Cada aseveración crítica, valedera y fundamentada sobre nuestra economía, o nuestra idiosincrasia, la tomamos, la generalizamos y la usamos como excusa válida para construir una cultura que destruye las bases de una sociedad progresista.

Destruimos la moneda, destruimos nuestra educación, nuestra matriz productiva, la salud pública y, para resumir, la cultura del esfuerzo y el trabajo base de cualquier posible plan de reconstrucción nacional.

Echar la culpa al otro es deporte nacional, siempre el culpable es el otro, nunca tenemos responsabilidad de nuestros fracasos.

Esos fracasos se expresan en la obsolescencia del sistema político.

La democracia representativa, en todo occidente, entró en crisis no puede resolver los conflictos, mucho de esa crisis tiene que ver con querer imponer a los viejos partidos políticos como forma organizativa de esa representación.

Pero como siempre en Argentina todo adquiere su propia característica, aquí a la falta de representatividad le adherimos la corrupción y las complicidades entre todos los sectores.

La grieta en muchos casos es un show para la gilada, se pelean en público y hacen negociados en la oscuridad. Los intereses de círculo se anteponen al interés general.

Sin romper esas complicidades, sin recuperar la idea de que el bien general es preeminente al del círculo será imposible encarar un plan para el conjunto.

Para recuperar la representatividad debemos darles lugar a las nuevas demandas. Pero no es útil incorporar a los referentes de esas demandas a los inútiles partidos de antaño.

Son los colectivos que representan a esas demandas las que se tienen que incorporar a la institucionalidad representativa.

Las nuevas generaciones tienen una relación con el tiempo y con el espacio diferentes a las más viejas.

Solo para ejemplificar, sin pretender abarcar a todas esas demandas, el tema ambiental, los temas de género, los temas de incorporar las nuevas organizaciones digitales como forma de expresión, comprender la nueva relación con el trabajo que tienen los jóvenes, la participación de la cultura como canalizadora de empleo digno en actividades sustentables. Son solo alguna de ellas.

Los jóvenes han incorporado la defensa del medio ambiente como cultura y la practican en lo cotidiano eso debe expresarse en todos los estamentos legislativos de nuestra institucionalidad.

Desde hace decenas de años que la mujer viene ocupando espacios antes negados por la cultura patriarcal que reinó siglos. Esa cultura llevó a la preeminencia del hombre, por muchos factores, que uno a uno van cayendo. Ahora llegó el momento de que el hombre asuma la nueva realidad, la que le muestra el espejo, si no le gusta, la solución no es romperlo, eso no la cambiará.

Los jóvenes en una cantidad creciente toman a la industria del entretenimiento como su vocación de vida. Incorporarlos en la economía cotidiana y darles salida laboral para su desarrollo es crucial para lograr el pleno empleo juvenil.

Negar esa realidad no solo es inútil, es disruptiva respecto del futuro de esos jóvenes, que ante la incomprensión tomarán el camino de la rebelión o el de la emigración. Y luego diremos como no lo vimos venir.

El mundo reemplazará el empleo industrial del siglo pasado por empleo en los servicios en este siglo. Serán pocos los jóvenes que tengan en su expectativa empleos por mucho tiempo, ellos son nacidos digitales y lo efímero es parte de su vida. El espejo muestra esa realidad, no la neguemos.

Las instituciones representativas no serán por ideologías duras e inflexibles, serán efímeras y durarán hasta que las demandas que las reúnan sean satisfechas.

Luego nuevas demandas darán lugar a nuevas instituciones, esa flexibilidad garantizará que no se recreen burocracias partidarias que viven aferradas a demandas que ya están convertidas en leyes incumplidas por estados ineficientes y estafadores.

Hay, sí, una deuda grave que se debe saldar en nuestro país, los funcionarios juran con la penalidad de la demanda si no cumplen con su cometido. La educación para el pueblo es una obligación no cumplida. La alimentación de la niñez es una obligación no cumplida. Los derechos de la niñez son una obligación no cumplida. Y muchas otras leyes como estas, fueron incumplidas.

Aquellos que fueron y son responsables de esta falta deben ser procesados por la justicia.

No debemos confundir demanda con incumplimiento de leyes y preceptos constitucionales. Las demandas son derechos en expectativas, la leyes son de cumplimiento obligatorio. No fueron cumplidas, ese no es terreno para la política, es para la justicia.

Abramos nuestras mentes, no rompamos el espejo que nos muestra la realidad, afrontemos los desafíos de la nueva era digital. Seamos asistentes de las nuevas generaciones. Son los jóvenes los que nos llevarán a un mejor futuro.

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