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Salah Abdeslam llegó este miércoles a Francia donde fue inmediatamente ingresado en una prisión para cumplir allí la condena a cadena perpetua sin posibilidad de liberación a la que fue condenado en julio de 2022 tras ser declarado culpable de atacar centros públicos en París y provocar más de cien muertos.
Abdeslam fue el único superviviente del comando yihadista que cometió una oleada de atentados en París y Saint-Denis el 13 de noviembre de 2015, que se saldó con 131 muertos en el Estadio de Francia, varios bares del centro de la capital y la sala de espectáculos Bataclán.
El ministro francés de Justicia, Eric Dupont-Moretti, indicó a través de la red social X que el recluso fue entregado por las autoridades belgas. «En conformidad con la decisión de la justicia francesa y del deseo de las asociaciones de víctimas, purgará aquí su pena de cadena perpetua», indicó el ministro. Según varios medios, el recluso, que pasó buena parte de su detención provisional antes de su juicio en la cárcel de Fleury-Mérogis, al sur de la región de París, fue ingresado en esta ocasión en la de Réau, también al sur.
Abdeslam, extraditado a Francia tras su arresto en el barrio bruselense de Molenbeek en marzo de 2018, había sido devuelto a ese país para ser juzgado por los atentados de Bruselas de 2016 que causaron 32 muertos, por los que también fue condenado. Desde entonces, sus abogados a ambos lados de la frontera habían lanzado una cruzada para que cumpliera en Bélgica su pena, antes de ser entregado a Francia.
Por eso, ahora consideran que el acuerdo entre Estados que se ha saldado con su entrega a Francia supone «negar el estado de derecho», según su abogado francés Martin Vettes. El letrado consideró «falsas y deshonestas» las razones invocadas por la Fiscalía belga para justificar la entrega a Francia, como ya no tenía motivos para mantenerle retenido y que todavía tenía procedimientos abiertos en ese país.
De nacionalidad francesa, Abdeslam quería cumplir su condena en Bélgica, donde creció y donde residen sus familiares, y donde en 2023 fue también condenado por «asesinato en contexto terrorista».
Salah Abdeslam, un francés de 33 años que ya fue condenado por su papel en los atentados perpetrados en París de noviembre de 2015, enfrentó en la jornada su primer día después del juicio que se realizo en la capital belga.
El 22 de marzo de 2016 dos suicidas se inmolaron en el aeropuerto de la capital belga y un tercero hizo lo mismo en una céntrica estación del tren subterráneo, en atentados que provocaron la muerte de 32 personas e hirieron a más de una centena.
En su interrogatorio, Abdeslam aseguró que no tenía conocimiento de los planes sobre los atentados en Bruselas.
«Mi presencia en el banquillo es injustificada», protestó ante el tribunal. «Esto no es justicia. Esto es hacer un ejemplo de alguien», insistió.
Abdeslam argumentó que no pudo haber participado en la planificación de los ataques de Bruselas porque, afirmó, esos atentados fueron planificados después de su detención, en marzo de 2016.
«No estaba al tanto de nada», dijo.
El juicio contra los acusados por los atentados en Bruselas comenzó el 5 de diciembre pasado, en una sala de alta seguridad especialmente construida en la antigua sede de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
Cuando la presidenta del tribunal, la jueza Laurence Massart, le pidió que describiera sus cualidades, Abdeslam dijo que siempre había «tratado de hacer el bien. Es lo que siempre he hecho a lo largo de mi vida».
«¿Y sus defectos?», preguntó la jueza. Abdeslam hizo una pausa por un momento para reflexionar y luego respondió: «No conozco ninguno».
Otro de los acusados, Mohamed Abrini, también trató de minimizar su papel, a pesar de ser el único miembro sobreviviente del equipo que ejecutó los ataques, de acuerdo con la fiscalía.
Abrini fue identificado por los fiscales como el llamado «hombre del sombrero», que puede verse en imágenes de vigilancia en el aeropuerto, donde cambió de opinión a último minuto y decidió no hacer detonar la bomba que transportaba.
Abrini dijo a la corte que estaban «tratando de ponernos chaquetas que son demasiado grandes para nosotros. Al igual que en París, nos condenarán por lo que hicieron otros».
Con una camiseta naranja con capucha debajo de una chaqueta oscura, con el pelo muy corto y una barba poblada, Abrini argumentó que los acusados procesados en Bélgica «no eran la punta de la pirámide».
«Nunca atraparon a los comandantes, pero tienen que darle una paliza a alguien, y ese alguien somos nosotros», argumentó, antes de acusar a la fiscalía belga de complacer la sed de venganza del público.
La versión de los acusados sobre los hechos previos y el día de los ataques fueron analizados en el juicio, en tanto los interrogatorios se centraron en la motivación de los nueve terroristas.
*Imagen ilustrativa.
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