ARGENTINA

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El presidente de la Nación Javier Milei anunció oficialmente su convocatoria para el llamado «Pacto de Mayo», y uno de los puntos de acuerdo más importante que señala la proclama es la reducción drástica del tamaño del Estado.
Entre los tres niveles de Gobierno que rigen en el país, el Estado nacional, las Provincias y los municipios, el sector público consolidado de Argentina alcanzó a representar el 44% del PBI al término de 2023. Fue Cristina Kirchner como presidenta que elevo el gasto público de 22 % del PBI al doble desde el comienzo de su gobierno (2007/15).
Teniendo en cuenta la estructura tributaria arcaica e ineficiente que se mantuvo por décadas, Argentina no tiene modo de poder financiar un tamaño del Estado de semejantes proporciones sin recurrir a la falsificación monetaria constante.
Este tamaño para el sector público supera ampliamente al promedio histórico hasta mediados de la década del 2000, estimado en alrededor del 25% del PBI. Uno de los objetivos del Pacto de Mayo propone precisamente terminar con la anomalía fiscal que dominó la política argentina en los últimos 20 años.
De hecho, el tamaño del Estado promedio entre 2002 y 2021 fue del 40% del producto (con mayor fuerza a partir de 2010), y el promedio para el período 1980-2021 no supera el 32% del PBI. Ninguna comparación histórica medianamente realista hace pensar que el actual tamaño del sector público pueda ser sostenido en el tiempo solamente con los impuestos que hoy se encuentran vigentes.
La recaudación impositiva actual se sostiene sobre la base de tributos ampliamente distorsivos, como por ejemplo el Impuesto al cheque, los impuestos al comercio exterior, Ingresos Brutos, el Impuesto a los Bienes Personales, el gravámen sobre la renta financiera, y el impuesto PAIS para la compra de divisas, entre decenas de ejemplos. Con cada distorsión generada, el impacto en materia de actividad y creación de trabajo es mayor.
A diferencia de otros Estados que se sostienen sobre la base de IVA y Ganancias (impuestos más eficientes), en Argentina el tamaño del Estado se financia por una estructura impositiva abiertamente inviable.
Uno de los principales argumentos esgrimidos en contra del discurso del presidente fue señalar que muchas economías europeas mantienen «estados de bienestar» muy extensos, con un nivel de gastos que normalmente supera el 40% del PBI (similar al que hoy tiene Argentina).
Francia se considera el caso más extremo en este sentido, ya que mantiene una estructura estatal que supera el 56% del PBI. Otros países como Italia, Bélgica y Austria mantienen a Estados que representan más del 50% de la economía respectivamente. Pero lo cierto es que ninguno de estos países logró hacerse rico gracias al crecimiento del Estado, sino que por el contrario, fue la generación de riqueza lo que permitió costear (mediante impuestos) las gigantescas estructuras estatales y de seguridad social que vemos hoy.
Sin embargo, y pese a que muchas economías desarrolladas de Europa puedan permitirse pagar un Estado de gran tamaño, esto no implica que el modelo no genere costos. Europa se mantiene firmemente como la región con la menor tasa de crecimiento económico del planeta.
Este proceso se acentuó dramáticamente desde la crisis internacional de 2008, y muchos países como Italia, España y Grecia, a duras penas pudieron recuperarse del impacto. Lo que es aún peor, con cada crisis o shock exógeno que se avecina, los países europeos pierden sistemáticamente su tendencia de crecimiento anterior. Y este fenómeno fue común en todas las economías desarrolladas que hoy se toman como ejemplo para exaltar el tamaño del Estado.
El pésimo desempeño europeo en materia de crecimiento también se debe a otros factores de importante calibre como el constante envejecimiento poblacional (posiblemente el problema más importante del Viejo Continente), pero sin lugar a dudas los altos impuestos que se requieren para mantener el Estado de Bienestar penalizan el crecimiento.
Si Argentina creciera a tasas europeas no solamente no podría expandir su nivel de ingreso por habitante (la población argentina crece más rápido que la de Europa), sino que además se mantendría rezagada como un país permanentemente subdesarrollado.
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