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En un comunicado, la cartera castrense indicó que, desde este martes 3 de septiembre, detectó «varios tipos de aviones de combate principales y auxiliares, helicópteros y drones» del Ejército chino «cooperando con buques anfibios y buques de carga que transportaban tropas terrestres».
Las maniobras tuvieron lugar en aguas cercanas a la bahía de Dacheng, ubicada unos 150 kilómetros al sur de la ciudad de Xiamen, según el texto oficial.
«El Ejército nacional utiliza medios conjuntos de inteligencia, vigilancia y reconocimiento para monitorear de cerca y captar la dinámica regional de forma simultánea para facilitar una respuesta adecuada», apuntó el ministerio, que en su último parte diario notificó que 14 aeronaves de combate, siete buques de la Armada y dos barcos oficiales chinos operaron en los alrededores de Taiwán durante las últimas 24 horas.
En un reciente informe, el Ministerio de Defensa de Taiwán (MND R.O.C.) advirtió que China aún no posee las capacidades de combate para una «invasión integral de Taiwán», una isla gobernada de forma autónoma desde 1949 y considerada por China como una «provincia rebelde».
Sin embargo, el ministerio advirtió que el gigante asiático seguirá fortaleciendo los preparativos para posibles «operaciones conjuntas de desembarco» en un futuro. Desde que el nuevo presidente taiwanés, William Lai (Lai Ching-te), tomara posesión de su cargo el pasado mayo, China ha incrementado su presión militar sobre Taiwán, cuyo Gobierno ha propuesto aumentar el presupuesto de Defensa hasta un máximo de 647.000 millones de dólares taiwaneses (20.172 millones de dólares) para 2025.
El consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Jake Sullivan, aterrizó en Pekín, donde se reunirá con altos funcionarios del Gobierno chino.
Sullivan fue recibido en el aeropuerto de Pekín por el director general del Departamento de Asuntos de América del Norte y Oceanía del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Yang Tao, y por el embajador de Estados Unidos en China, Nicholas Burns, según imágenes retransmitidas por la televisión estatal CCTV.
El viaje de Sullivan se produce a diez semanas de las elecciones presidenciales estadounidenses, en las que la vicepresidenta, Kamala Harris, se enfrentará al republicano Donald Trump.
Se trata del primer viaje de un asesor de Seguridad Nacional estadounidense a China en ocho años y es, además, la primera visita al país del propio Sullivan, quien mantendrá su quinta reunión con el canciller chino, Wang Yi.
La Casa Blanca ha avanzado que planteará su «preocupación» por el «aumento de la presión militar, diplomática y económica» sobre Taiwán, mientras que Pekín ha señalado que presentará «exigencias firmes» sobre esa cuestión ante los emisarios estadounidenses.
Tras la toma de posesión de William Lai ─calificado de alborotador por China─ como presidente taiwanés en mayo, China ha estrechado aún más su cerco militar en torno a la isla, un territorio gobernado de forma autónoma desde 1949 y considerado por las autoridades de Pekín como una «provincia rebelde» para cuya «reunificación» no ha descartado el uso de la fuerza.
Asimismo, China también protestará por las «medidas desproporcionadas» tomadas por Washington en materia de aranceles comerciales, controles a la exportación, revisiones de inversiones o sanciones unilaterales, y reclamará que EE. UU. «deje de politizar y convertir en cuestiones de seguridad asuntos comerciales».
Mientras, Washington sigue apuntando al desarrollo de alta tecnología de China y su supuesto «exceso de capacidad».
Los portavoces chinos han insistido en que la visita de Sullivan es un «paso importante» en la comunicación entre ambas potencias, si bien han incidido en que los lazos bilaterales «están todavía en ante una encrucijada trascendental para su estabilización».
También podrían formar parte de la reunión los grupos de trabajo puestos en marcha para enfrentar la crisis del fentanilo o el supuesto apoyo de China a la industria de Defensa de Rusia, una acusación que Pekín niega.
Wang y Sullivan tratarán conflictos globales como el de Ucrania, una cuestión sobre la que Pekín exigirá que «Estados Unidos deje de imponer sanciones unilaterales y jurisdicción extraterritorial, y que pare de difamar, culpar y presionar a China» por sus cercanos lazos con Rusia.
Otra de las cuestiones que se tratará es la tensión en el mar de China Meridional, donde se solapan las reclamaciones territoriales de China con las de otras naciones como Filipinas, un asunto sobre el que «los países de fuera de la región deben abstenerse de (llevar a cabo) acciones que provoquen enfrentamientos o exacerben las tensiones».
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