ARGENTINA

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El presidente Javier Milei publicó una extensa columna en X (ex-Twitter) en la que desarrolla su visión sobre la inflación, el rol del dinero y la relación entre el tipo de cambio y los precios. Allí rechaza la noción de «passthrough» ─la idea de que una suba del dólar se traslada de forma automática a la inflación─ y argumenta que el fenómeno inflacionario es, en todos los casos, de naturaleza exclusivamente monetaria.
En su análisis, Milei recorre desde el origen histórico del dinero y su función en la economía, hasta el efecto Hume-Cantillon y la teoría subjetiva del valor de Carl Menger. También explica por qué la política monetaria opera con rezagos de hasta dos años y fija como horizonte para reducir la inflación a mínimos hacia mediados de 2026. Con un fuerte énfasis teórico, busca sustentar las decisiones del Banco Central y responder a las críticas de economistas locales.
Desde mediados de abril, momento en que se liberó el mercado de cambios, el debate monetario en Argentina se ha basado sobre cuál debería ser el comportamiento del dólar y el traspaso a precios en caso que la divisa aumentara. Más allá de que la mayor cantidad de analistas han errado por mucho sus pronósticos a excepción de un puñado de ellos (y el equipo económico), lo que sorprende es la persistencia en los mismos errores analíticos que mantiene a estos profesionales en una racha negativa, aún desde antes de presentarse el cambio de gobierno. Es entendible el comportamiento endogámico y especialmente si no se pagan costos por errar cuando todos fallaron, en especial, cuando rige la lógica del Oráculo de Delfos, el cual daba consejos, pero no tomaba decisiones.
En síntesis, lo que quiero señalar es que aun cuando todos hablen del traspaso a precios del movimiento en el precio del dólar (passthrough), dicha afirmación, aunque supuestamente podría tener algún «sustento empírico», es falsa e implica un profundo desconocimiento en materia de teoría monetaria.
Origen y Naturaleza del Dinero
Para comprender la naturaleza del dinero debemos primero internalizar cómo sería una economía sin dinero, esto es, una economía de trueque. En una economía de intercambio puro, los individuos van satisfaciendo sus necesidades haciendo transacciones con sus pares en las que a cambio de los bienes que se dispone a ofrecer, reciben como pago el bien que le ofrece otro individuo. Si bien parece una operación simple, la puesta en marcha de dicho proceso choca de inmediato con dos realidades.
Por un lado, tenemos el problema de la doble coincidencia, esto es, es necesario encontrar un par de individuos con necesidades recíprocas, esto es que aquel que necesita un determinado bien, no sólo necesita encontrar el que se lo venda, sino que además necesita que ese individuo sea el mismo que acepte en intercambio el bien que el primero intenta vender. Por otro lado, está el problema de la indivisibilidad, donde ya resuelto el problema nada menor de la doble coincidencia, esto es, que los bienes involucrados no puedan ser fraccionados en las proporciones necesarias para que tenga lugar la transacción (puede que yo tenga ganas de comer pan y el panadero escuchar una de mis charlas de economía, el tema es que los minutos y contenido que estoy dispuesto a cambiar por un kilo de pan, al panadero no le serán de utilidad para tomar decisiones).
Frente a esta adversidad, el hombre no se puso a llorar ni a esperar a que venga alguien para resolver sus problemas. Así, observó que algunos bienes se intercambiaban más que otros y por ende descubrió el intercambio indirecto. Esto es, un bien que no se compra a los fines de ser consumidos sino para hacer intercambios. En definitiva, en este proceso de búsqueda de solución encontró el dinero mercancía. De ahí que las primeras formas de dinero fueran el ganado, el lino, la sal, el tabaco, el café y sin ir mucho más atrás en el tiempo, los cigarrillos en las cárceles.
Por otra parte, si bien estos bienes cumplían con dos condiciones básicas que debe tener el dinero para preciarse de tal, esto es, servir de unidad de cuenta y medio generalizado de cambio, fallaba en su condición de reserva de valor. Básicamente, estos bienes siendo perecederos almacenarlos presenta una tasa de interés negativa, esto es, con el paso del tiempo valdrían cada vez menos. Y así es que el ser humano llegó al dinero metálico. Sin embargo, este no estaba libre de inconvenientes ya que al problema de la portabilidad se le sumaba los riesgos de moverse con grandes cantidades de metales preciosos. De más está decir que ante esta dificultad el hombre desarrolló los certificados de depósitos para poder moverse sin tanto peso encima. Naturalmente, siempre aparecen los tramposos, lo cual ocurrió cuando las casas de depósitos empezaron a emitir en su favor certificados sin respaldo. Frente al desorden resultante apareció el Estado, el cual, en lugar de dedicarse a reestablecer orden, consideró que no podía tener competencia en la estafa a las personas (vía impuestos) y decidió quedarse con el monopolio de la emisión de dinero, sumado a la imposición del curso forzoso y así perfeccionar el atraco. El resto es historia conocida.
La naturaleza monetaria de la inflación
A la luz del punto anterior debería quedar claro que el dinero no es nada más que un bien de intercambio indirecto y que sólo sirve a los efectos de llevar acabo transacciones, sean las mismas presentes (demanda transaccional) y/o futuras (atesoramiento). Por lo tanto, si entendemos esto, la demanda de dinero es una demanda derivada de la demanda total de bienes y servicios de la economía o dicho de modo más simple, es una demanda espejo.
En este sentido, la demanda de dinero quedaría determinada por el vector de consumo a lo largo del tiempo (intertemporal) y su relación funcional estaría dada por los parámetros que determinan al vector de consumo. Así las cosas, del mismo modo que el consumo, la demanda de dinero vendría determinada por el vector intertemporal de precios, lo cual, en términos de equilibrio general, muestra el error de muchos economistas al formular la demanda dinero como función del ingreso (el cual surge de la venta de ocio en el mercado de trabajo más la participación en los beneficios de las empresas de las que tenga algún tipo de participación) y la tasa de interés (la cual está implícita en el vector intertemporal de precios, ya que se trata del precio relativo de los bienes presente respecto a los precios futuros). Finalmente, para solucionar el vector de precios de equilibrio, se requiere de lo que Robert Lucas Jr. denominaba parámetros profundos: (i) preferencias; (ii) tecnología y (iii) dotaciones. A su vez, si existiera dinero, habría que sumar la base monetaria. A su vez, también debería considerarse la estructura institucional respecto de los derechos de propiedad, aunque esto sería materia de otro debate, por lo que simplificamos el punto asumiendo una economía de propiedad privada.
Nótese que, si la demanda de dinero está determinada por el sendero de consumo y éste en el fondo depende los precios que, a su vez, están dados por los parámetros profundos, la demanda real de dinero, en condiciones normales sería una función granítica y que en equilibrio se debería igualar a la oferta real de dinero (dinero = base monetaria, dividido el nivel de precios). Así llegamos a la sentencia de que la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario, generado por un exceso de oferta de dinero, ya sea porque subió la oferta y/o cayó la demanda, lo cual lleva a una pérdida del poder adquisitivo del dinero, esto es, todos los precios expresados en unidades monetarias suben.
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