ESPAÑA

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El día en que España se adhirió a lo que entonces era la Comunidad Económica Europea en 1986, poco se vislumbraba de su futuro tras años de dictadura.
En España, el dictador Francisco Franco había muerto tan solo 11 años antes (1975) del ingreso a la Comunidad.
La economía española se encontraba en graves dificultades. El PIB apenas alcanzaba los 226.000 millones de euros. Más de 2 millones de personas estaban desempleadas y la tasa de paro rondaba el 21%. La inflación había alcanzado el 20% en los años anteriores.
El país aún pagaba las consecuencias de la crisis del petróleo de 1973 y una transición política que había consumido gran parte de su energía.
El salto adelante
Pero 40 años después, el panorama es un poco diferente. España cerró 2025 con un PIB cercano a los 1,5 billones de euros, seis veces más que lo que era en su momento.
El país ha pasado de ser una economía en desarrollo a convertirse en la cuarta más grande de la Unión Europea. El desempleo, aunque sigue siendo un problema, ha caído al 11%.
Los fondos europeos han desempeñado un papel decisivo en este cambio. España ha recibido más de 185.000 millones de euros desde 1986, dinero que se ha utilizado para construir autopistas, modernizar el medio rural, financiar programas de empleo y apoyar la innovación. Sin estos recursos, la convergencia con Europa habría sido mucho más lenta y difícil.
Pero no todo ha sido cuestión de economía. La libre circulación dentro del espacio Schengen ha cambiado la vida de millones de personas. 1,6 millones de ciudadanos españoles han participado en el programa de intercambio educativo Erasmus desde su creación.
Viajar, estudiar o trabajar en otro país europeo ya no es un privilegio, sino algo natural. La adopción del euro como moneda en 1999, oficializada en 2002, también supuso un avance para España.
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