LISA, escribe Mariana Gonzalez

OPINIÓN

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Foto: DeepAI*

*Escribe Mariana Gonzalez, especialista en Computación Científica, Fac. Ciencias Exactas UBA. MBA, ITBA.

Lectura: 5 minutos

LISA (Laser Interferometer Space Antenna) es, hoy, el proyecto más ambicioso de la humanidad.

Es un interferómetro (una especie de observatorio) espacial de ondas gravitacionales ─vibraciones diminutas del espacio‑tiempo─ producidas por fenómenos cósmicos gigantescos que ningún telescopio tradicional puede observar, desarrollado principalmente por la ESA (Agencia Espacial Europea) con una participación clave de la NASA (Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio).

Está formado por tres naves que «volarán» en formación triangular, separadas por 5 millones de kilómetros entre sí, orbitando el Sol, siguiendo a la Tierra a unos 50 millones de km, la formación triangular rotará lentamente, permitiendo «mapear» el cielo gravitacional. Mantiene su geometría con una precisión extrema. Entre las naves se envían rayos láser ultrapuros, formando un interferómetro.

    Un interferómetro es un instrumento que mide distancias o cambios extremadamente pequeños usando interferencia de luz.

Va a permitir detectar ondas gravitacionales de baja frecuencia (del orden de los milihercios), inaccesibles desde la superficie terrestre debido al ruido sísmico y ambiental y así observar fenómenos que ningún otro instrumento puede captar, como: fusiones de agujeros negros supermasivos; inspirales (objetos pequeños ─una estrella de neutrones o un agujero negro estelar─ que cae lentamente en espiral hacia un agujero negro supermasivo en el centro de una galaxia); objetos compactos pequeños hacia agujeros negros gigantes; sistemas binarios compactos dentro de la Vía Láctea; señales fósiles del universo temprano, potencialmente cercanas al Big Bang.

    Las ondas gravitacionales son vibraciones del propio espacio‑tiempo producidas por eventos cósmicos muy violentos. No son ondas que viajan a través del espacio: son el espacio mismo estirándose y comprimiéndose. Es una idea contraintuitiva: el universo no es rígido; puede ondular. Predichas por Einstein en 1916, fueron detectadas por primera vez casi 100 años después.

Dentro de cada nave hay masas de prueba (cubos de oro-platino) que están en caída libre pura, no tocan nada, no sienten fuerzas excepto la gravedad. Las naves no controlan las masas, al contrario: se mueven alrededor de ellas usando micropropulsores para no perturbarlas. Esto es probablemente el entorno más cercano a un sistema inercial perfecto jamás creado por el ser humano.

Europa siente que LISA refuerza su liderazgo en tecnología de precisión espacial, navegación autónoma a gran escala y cooperación internacional.

El 25 de enero de 2024, LISA es adoptada como misión oficial por el Consejo del Programa Científico de la ESA.

El 17 de junio de 2025, la ESA y OHB System AG firmaron el acuerdo para construir LISA.

En la segunda mitad de 2035, está previsto el lanzamiento.

La ESA no ha publicado aún una cifra final consolidada del costo del proyecto, sin embargo, al ser una misión L‑class del programa Cosmic Vision, típicamente cuestan varios miles de millones de euros (rango habitual para misiones de esta escala). La ESA financia la mayor parte del costo total, incluyendo las tres naves y el lanzamiento. La NASA aporta instrumentación crítica (láseres, telescopios, sistemas de control de carga) y parte del segmento científico en tierra.

LISA no tiene aplicación inmediata «utilitaria».

LISA nos va a servir para algo muy simple de decir y muy difícil de dimensionar: entender partes del universo que hoy son completamente invisibles.

LISA nos va a permitir escuchar el Universo antes de que existieran estrellas, antes de que hubiera átomos, quizá incluso antes del tiempo tal como lo entendemos.

LISA no es un instrumento para mirar el Universo, es un instrumento para sentir cómo el Universo se mueve.

Según Carole Mundell, directora de Ciencia de la ESA «LISA representará el triunfo de la ingeniería de precisión y la cooperación internacional a una nueva escala, y situará a Europa a la vanguardia de la tecnología espacial y la ciencia fundamental».

LISA es caro, complejo y de retorno económico incierto y en el mejor de los casos indirecto.

Pero su beneficio es estructural y de largo plazo, amplía radicalmente el conocimiento humano, desarrolla tecnologías que luego se reutilizan, posiciona a la humanidad en un nuevo nivel de comprensión del Universo, en términos históricos, proyectos así definen épocas, aunque sus frutos completos se vean décadas después.

En un contexto global de crisis climática, energética y social, el argumento de «conocimiento por el conocimiento» puede parecer un lujo epistemológico.

LISA puede terminar siendo científicamente elegante pero socialmente marginal, una misión que amplía el conocimiento de una élite académica sin justificar plenamente su costo frente a urgencias planetarias más inmediatas, pero, también es una inversión civilizatoria cara, pero necesaria para que la humanidad siga expandiendo los límites de lo que puede conocer y construir.

La pregunta para hacernos: ¿qué lugar le damos al conocimiento fundamental cuando el mundo enfrenta problemas urgentes?

*Imagen ilustrativa generada por IA.

*Mariana Gonzalez
Computación Científica, Fac. Ciencias Exactas UBA
MBA ITBA
Empresaria en Argentina y Uruguay en empresas de tecnología.

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