Invierno cuántico, escribe Mariana Gonzalez

OPINIÓN

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Inversión en tecnología cuántica se vuelve selectiva / Foto: DeepAI

*Escribe Mariana Gonzalez, especialista en Computación Científica, Fac. Ciencias Exactas UBA. MBA, ITBA.

Lectura: 9 minutos

En física moderna, «invierno cuántico» suele referirse de forma metafórica a sistemas llevados casi al cero absoluto, 0° Kelvin o -273° Celsius, donde la energía térmica deja de dominar, las fluctuaciones cuánticas pasan a ser el motor principal, la materia entra en fases nuevas, imposibles a temperaturas normales.

Pero, no, en Europa hablan de otra cosa. Llaman «invierno cuántico» al desinterés que comienzan a mostrar los inversores en la computación cuántica. No es física, sino economía de la innovación.

Se usa para describir una fase de enfriamiento del entusiasmo inversor en computación cuántica, tras una década de promesas muy altas y resultados todavía limitados a escala comercial. No implica que la tecnología esté muerta, sino que bajan las valuaciones, se reducen rondas de capital privado, se exige prueba de utilidad real, aumenta la cautela regulatoria y financiera. Es un cambio de clima, no una extinción.

La física progresa, los qubits mejoran pero el relato «revolución inminente» ya no convence.

    Los qubits, bits cuánticos, son la unidad básica de información en la computación cuántica, capaces de representar 0, 1 o una superposición de ambos simultáneamente gracias a la mecánica cuántica.

Lo que se esperaba de la computación cuántica, aún no logrado, era una revolución inmediata en base a una supremacía cuántica generalizada, o sea, que los ordenadores cuánticos superarían rápidamente a los clásicos en múltiples problemas, no solo en casos muy específicos, además de un impacto rápido en criptografía, inteligencia artificial, simulación de materiales y fármacos, con beneficios tangibles en pocos años, se proyectaba que empresas y gobiernos tendrían acceso a ordenadores cuánticos funcionales en la década de 2020, que la escalabilidad iba a ser sencilla, aumentar el número de qubits sería relativamente directo, como ocurrió con los transistores en la informática clásica.

Pero, la realidad es que la supremacía cuántica es limitada, Google anunció en 2019 un hito con 53 qubits, pero solo resolvió un problema artificial sin aplicación práctica. Los ordenadores clásicos siguen dominando en la mayoría de las tareas. Los qubits son extremadamente sensibles al ruido y requieren condiciones criogénicas muy difíciles y costosas de lograr. La corrección de errores cuánticos aún está en fase experimental. Hoy los usos reales se limitan a optimización, simulación molecular y algoritmos de prueba en química y logística, pero no hay impacto masivo en la industria. El mercado es pequeño, genera alrededor de 1.000 millones de dólares anuales, muy lejos de las proyecciones iniciales de una revolución tecnológica inmediata. La escalabilidad es incierta, pasar de decenas a miles de qubits útiles es un desafío técnico enorme, aún sin solución clara.

Los inversores empiezan a decir «esto tarda más de lo que nos dijeron».

El fenómeno no es exclusivo de Europa. Lo que sí es bastante europeo es llamarlo explícitamente «invierno cuántico» y asumirlo como fase. El enfriamiento inversor y narrativo ocurre en todo el mundo. En Europa es donde más se lo nombra, discute y problematiza abiertamente. En Estados Unidos y en menor medida China, el mismo proceso existe, pero se expresa de otra manera. No es un fenómeno físico ni regional, es un choque entre expectativas y tiempos tecnológicos, y eso es global.

Pero… un invierno cuántico no es un fracaso tecnológico. Aún hay investigación pública fuerte, por ejemplo los programas nacionales de Alemania, Francia, Países Bajos. El financiamiento no cayó, se volvió más selectivo.

Las grandes corporaciones como IBM, Airbus, Bosch, Thales siguen invirtiendo porque pueden esperar décadas y buscan soberanía tecnológica.

Hay un reenfoque estratégico, se invierte más en sensores cuánticos, comunicaciones cuánticas, simulación cuántica específica. Menos marketing, más ingeniería.

En Estados Unidos, hay una fuerte inversión privada liderando la innovación. El 78 % del capital global en startups cuánticas proviene de EE. UU. (sobre todo hardware) según datos recientes.  Cuenta con empresas clave con recursos y alcance global: IBM, Google, Microsoft, IonQ, Rigetti, D-Wave. El gobierno apoya con programas federales. Son capaces de asumir riesgos largos.

Estados Unidos se dedica especialmente a un hardware escalable (superconductores, iones atrapados), aplicaciones híbridas cuántico-clásicas, desarrollo de paquetes de software de alto nivel, patentes y propiedad intelectual avanzadas (alto impacto académico).

    Los superconductores son materiales que, al enfriarse por debajo de una temperatura crítica, conducen electricidad sin ninguna resistencia, eso implica corriente sin pérdida de energía, expulsión de campos magnéticos y posibilidad de campos magnéticos extremadamente intensos y estables.
    Un ión es un átomo (o molécula) que ganó o perdió electrones y quedó con carga eléctrica.
    Los iones atrapados son átomos con carga eléctrica que se mantienen suspendidos en el espacio usando campos eléctricos y magnéticos, sin tocar ninguna superficie, pueden controlarse con muchísima precisión, mantienen estados cuánticos muy estables, cada ion puede actuar como un qubit.

Estados Unidos domina por capacidad de inversión, diversidad de enfoques y asociación con grandes tecnológicas.

La estrategia de China, como en todo lo demás, es estatal y centralizada. planificación central con decenas de miles de millones de US$ comprometidos en súper proyectos cuántico-nacionales (horizonte 2030), con foco en comunicaciones cuánticas a gran escala y soberanía estratégica. Se observa un alto liderazgo en cantidad de publicaciones y patentes relacionadas con tecnología cuántica.

Su ventaja es la capacidad de ejecutar proyectos masivos sin necesidad inmediata de retorno privado.

China apuesta por liderazgo de infraestructura y soberanía tecnológica, con ambiciones acumulativas a largo plazo.

Europa tiene grupos punteros en fotónica cuántica (Francia, Países Bajos), trampas de iones (Alemania, Austria), metrología cuántica (Italia, Alemania), criptografía poscuántica (varios países).

Pero carece de grandes empresas capaces de absorber y escalar esa ciencia, cadenas de suministro completas, una narrativa política que convierta la cuántica en prioridad estratégica, una regulación exagerada que desalienta la inversión privada y una competencia interna entre sus países.

Uno de sus principales problemas es la transición laboratorio → producto → escala que es lenta, burocrática y fragmentada.

Un invierno cuántico en este contexto significa que el capital se vuelve más selectivo y se valora la solidez técnica, la monetización temprana y la diferenciación tecnológica.

Europa usa el invierno como disciplina, menos entusiasmo exagerado y artificial, más soberanía, más paciencia. Estados Unidos lo atraviesa como mercado, caerán muchos, sobrevivirán pocos, muy fuertes. China casi no tiene invierno, su estrategia no depende del humor inversor.

El invierno cuántico no describe un fallo de la física ni un estancamiento científico. Describe la ruptura entre tres tiempos distintos, el tiempo de la ciencia (décadas), el tiempo del capital privado (años) y el tiempo del relato público (meses). Cuando esos tiempos se confunden, aparece el invierno.

La computación cuántica entró en una fase donde la capacidad experimental crece pero la utilidad económica general no llega y el relato de «revolución inminente» colapsa.

Eso es el invierno, no frío tecnológico, sino enfriamiento narrativo y financiero.

El invierno era la corrección natural. Se congela el capital especulativo, las valuaciones infladas, las startups sin camino técnico claro, las promesas de ventaja cuántica general.

Pero, no se congela la investigación pública, el desarrollo de hardware real, la investigación y el desarrollo de métodos para la corrección de errores, las aplicaciones específicas y acotadas.

Para América Latina, el invierno cuántico no es una amenaza, es probablemente la última ventana realista para no quedar estructuralmente afuera.

El riesgo real de América Latina no es «no tener computadoras cuánticas», el riesgo verdadero es otro, es quedar afuera de estándares, no participar en casos de uso tempranos, no formar capital humano híbrido, ser solo consumidores tardíos de soluciones cerradas. No debe caer en la trampa de la soberanía cuántica «Tenemos que fabricar nuestra propia computadora cuántica».

Sus fortalezas son el capital humano sólido en física, matemática, ingeniería y ciencias computacionales, los costos relativos más bajos de formación e investigación, los problemas estructurales complejos que funcionan como casos de uso reales (energía, logística, clima) para probar desarrollos con cuántica.

Debe dedicarse a la formación y retención de capital humano cuántico–híbrido, no formar «ingenieros cuánticos puros», sino perfiles que crucen física / matemática, computación de alto rendimiento, ciencia de datos, optimización de procesos, criptografía poscuántica.

Sus limitaciones son su escala insuficiente a nivel nacional, sus presupuestos restringidos para grandes infraestructuras, su riesgo de copiar modelos de países centrales no adaptados a la región.

Apoyado en una cooperación regional y una gobernanza realista, le va a permitir ingresar al ecosistema cuántico global sin la presión de expectativas sobredimensionadas, con foco en el conocimiento, la cooperación y la búsqueda de soluciones a problemas reales.

El invierno cuántico no es una crisis, es una prueba de madurez, no ganarán las startups más visibles, sino las más aburridas y sólidas, el capital paciente reemplazará al capital entusiasta, la cuántica no va a «disrumpir» todo, se va a infiltrar en sectores específicos. Cuando el invierno termine, la narrativa será distinta y más humilde.

La pregunta clave ya no es «cuándo llega la revolución cuántica», sino ¿quién sigue ahí cuando ya no haya aplausos?

*Imagen ilustrativa generada por IA.

*Mariana Gonzalez
Computación Científica, Fac. Ciencias Exactas UBA
MBA ITBA
Empresaria en Argentina y Uruguay en empresas de tecnología.

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