OPINIÓN

Por Norberto Zingoni*, escritor, abogado, exjuez, corresponsal de LaCity.com.ar en Europa.
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Las élites europeas se creyeron su propio discurso. Un burócrata sentado en Bruselas (a veinte mil euros por mes más menudencias) le ordenaba a un agricultor de Extremadura o Burdeos cómo plantar maíz o cómo pastorear al ganado. Para que no arruinen el clima. Decían. Otro burócrata ordenaba a los gobiernos cerrar las centrales nucleares (recuerdo a los militantes de la izquierda ecochanta festejar emocionados cuando volaron algunas centrales; sí, las volaron; y no metafóricamente, saltaron por el aire).
Davos era la Meca: no tendrás nada, pero serás feliz. Europa se hizo adalid del cambio climático, de la energía verde, del feminismo radical, de la cultura woke, del transformismo sexual, del lenguaje inclusivo, del relativismo cultural. Y todo eso envuelto, bien envuelto, en un progresismo, que en el fondo era socialismo, y la madre del borrego, era comunismo (la vieja lucha de clases). Porque en el fondo toda esta movida tiene su origen en la derrota militar y política del comunismo en 1989. Fue cuando pensadores marxistas y trotskistas franceses (inspirados en Lyotard, Derrida, Foucault) decidieron otro camino (Gramsci): coparon el alma de la universidad francesa y de ahí a los EE. UU. y Canadá. Y de ahí al mundo (Lou Marienoff, El ABC de la felicidad, relata en primera persona cómo sufrió el apartheid por no sumarse a la cultura woke, tanto en la universidad de Canadá como en las de los EE. UU). Medios de comunicación, universidades, organismos internacionales, nada se salvó del pensamiento woke, arropados por el progresismo izquierdista.
Todo el pensamiento europeo se sumó, con excitación adolescente, a esta cruzada de la nueva izquierda. Que atropellaba a la familia, al lenguaje, a la cultura judeocristiana.
Como dice el tango:
- Fiera, venganza la del tiempo
- Que te hace ver desecho lo que uno amó.
¡Y vaya si amamos a la vieja Europa de nuestros abuelos!
Un nuevo orden mundial
El primer golpe lo recibe ─la izquierda que usurpó el poder─ de Trump en su primera presidencia. Olieron el peligro. ¡Un outsider sin miedo al establishment, al poder establecido y que era capaz de desafiarlos! Por eso, como los animales en peligro, presintieron que estaba en juego su supervivencia. Allí, como hace habitualmente la izquierda (siempre acompañada por los bobos políticamente correctos), fueron todos a una contra Trump. Y, si no le hicieron trampa en la elección que perdió con Biden, le pasa raspando. Pero en esta segunda venida no está solo. Georgia Meloni en Italia, Orban en Hungría, Milei en Argentina, Abascal en España, entre otros, preanuncian la derrota del pensamiento único que dominó el mundo en las últimas décadas. Y, si no me equivoco, Trump tiene un plan de garantizar con China (Rusia invitada) un pacto de áreas comerciales que alejaría la posibilidad de una guerra de verdad reemplazada por una guerra comercial, de innovación tecnológica y espacial. Qué es lo que se viene con la inteligencia artificial. En ese hipotético plan, Europa queda fuera. Su pasividad con la inmigración islámica, su adhesión incondicional a los disparates de la cultura woke, su izquierdismo adolescente se paga. América Latina quedaría dentro de ese proyecto (gracias en gran parte a Milei).
Lo cierto es que el nuevo proyecto liderado por Trump, Meloni y Milei tiene cada día más adherentes. Como la nueva primer ministro de Japón que se suma a la cruzada.
Hace rato que Argentina no está en el lugar justo en el momento justo. Parece que cambia la mano. Ojalá. Perdimos mucho tiempo y oportunidades. Sin ir más lejos, el boom de la soja. Desperdicio liderado por dos aventureros iletrados como fueron los Kirchner.
Acompañados por una banda de pícaros que despilfarraron la herencia peronista.
Por eso considero que hay que acompañar decididamente este proyecto nacional y mundial.
Otro artículo escrito por Norberto Zingoni: El «Mani pulite» argentino (I)
