Ascensor al cielo, escribe Mariana Gonzalez

OPINIÓN

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Foto: Bruce Irving

*Escribe Mariana Gonzalez, especialista en Computación Científica, Fac. Ciencias Exactas UBA. MBA, ITBA.

Lectura: 5 minutos

La tecnología nos está acostumbrando que la literatura de ciencia ficción se quede corta, que la realidad supere la ficción y, así, poner a prueba constantemente, nuestra capacidad de asombro.

Pero, hay un tema en especial, que la literatura está «reclamando» desde el siglo XIX y que parece que, ahora, Japón lo va a intentar: un ascensor espacial, capaz de conectar la superficie terrestre con la órbita geoestacionaria.

La idea de un ascensor espacial se remonta a 1895, concebida por el físico ruso Konstantin Tsiolkovsky, inspirado por la recién construida Torre Eiffel, imaginó una torre gigantesca que se extendiera desde la superficie terrestre hasta la órbita geoestacionaria. Aunque su propuesta original hablaba de una torre rígida (no de un cable como en los conceptos modernos), la intuición física era clave, equilibrio de fuerzas: gravedad que tira hacia la Tierra vs. fuerza centrífuga que tira hacia afuera. Si se logra llegar a la órbita geoestacionaria, la fuerza centrífuga compensa la gravedad.

A partir de él, numerosas novelas de ciencia ficción (por ejemplo, Las fuentes del paraíso, Cánticos de la lejana Tierra y 3001: Odisea final de Arthur C. Clarke), cómics (Battle Angel Alita de Yukito Kishiro), animes (como Tekkaman Blade), videojuegos (Sid Meier’s Civilization IV y Sid Meier’s Civilization V), cientos de ejemplos donde la idea de un ascensor espacial es protagonista.

Y llegaron los japoneses, especialmente la empresa Obayashi Corporation, con su propuesta de construir un ascensor que conecte la superficie terrestre con una estación en órbita geosincrónica.

Según la misma empresa «Un ascensor espacial conecta la Tierra con el espacio mediante un cable, permitiendo a las personas viajar hacia y desde el espacio con la misma facilidad que si viajaran en tren. El concepto se ha considerado viable desde el punto de vista de la construcción y actualmente se encuentra en pleno desarrollo», “En la Tierra, un puerto terrestre ─el punto de llegada y salida del ascensor─ flotará sobre el mar en el ecuador, mientras que una terminal se colocará en una órbita geoestacionaria a unos 36.000 kilómetros sobre la Tierra», «Con esto, viajar de la Tierra al espacio será una realidad para la gente común».

El objetivo es reducir drásticamente el costo por kg de acceso al espacio y permitir transporte rutinario, energía/infraestructura orbital y posibles estaciones/depósitos en LEO/GEO, y la baja del impacto ambiental comparado con lanzadores actuales.

    LEO — Low Earth Orbit (Órbita Baja Terrestre) Es la órbita más utilizada, allí se encuentra la International Space Station, muchas constelaciones de satélites (como internet satelital) operan en LEO.
    GEO — Geostationary Earth Orbit (Órbita Geoestacionaria), el satélite parece «quieto» en el cielo, ideal para telecomunicaciones y meteorología, permite cobertura continua de una misma región.

El cable del ascensor debe llegar al menos hasta GEO, porque allí la rotación terrestre ayuda a mantenerlo en tensión, LEO es más accesible, pero GEO es el punto clave para estabilidad gravitacional.

Los grandes desafíos del proyecto son:

Materiales extremadamente avanzados, el cable que sostendría el ascensor necesita una razón resistencia-peso mucho mayor a cualquier material comercial actual. Aún no hay producción práctica a gran escala de cables de nanotubos o estructuras compuestas con la resistencia requerida.

Riesgos ambientales y dinámicos, un cable de cientos de miles de kilómetros sería vulnerable a impactos de micrometeoritos y basura espacial, fuerzas de mareas y oscilaciones dinámicas, vibración inducida por viento o diferencias térmicas, la energía tendría que transmitirse desde la Tierra de forma eficiente (sondeos de láser, microondas, etc.), lo cual aún está en etapas experimentales no escalable.

El éxito del ascensor espacial de Obayashi Corporation depende de un material que hoy solo existe en laboratorios y en teorías: los nanotubos de carbono, por lo que, aunque la meta de Obayashi Corporation era tenerlo listo para 2050, ellos mismos han admitido que probablemente no empiecen la construcción pronto por el material del cable.

Es un proyecto que obliga a innovar en nanotecnología y robótica. Incluso si nunca se termina, los inventos que surjan en el camino (materiales más fuertes, motores eléctricos ultra eficientes) cambiarán al mundo.

Incluso dejando de lado los retos técnicos, la inversión inicial sería, potencialmente billones de dólares, y los beneficios económicos dependen de mercados futuros aún inmaduros.

Durante décadas, nuestra única forma de abandonar la Tierra ha sido sentarnos sobre una explosión controlada. Los cohetes son ruidosos, ineficientes y prohibitivamente caros. Pero en las oficinas de Obayashi Corporation en Tokio, el futuro del transporte espacial no tiene motores de combustión ni despegues verticales; tiene un botón de «subir».

La Torre de Babel reimaginada para la era tecnocrática, donde la soberbia ya no es un pecado sino un indicador de desempeño y la única divinidad consultada es el panel de control del proyecto.

*Mariana Gonzalez
Computación Científica, Fac. Ciencias Exactas UBA
MBA ITBA
Empresaria en Argentina y Uruguay en empresas de tecnología.

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