ESPAÑA

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España suele destacar en Europa como uno de los países más críticos con la política exterior estadounidense, la guerra de Israel en Gaza y la represión iraní de las protestas antigubernamentales.
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, condenó abiertamente los ataques estadounidenses e israelíes del sábado, advirtiendo que podrían exacerbar las tensiones regionales y «contribuir a un orden internacional más incierto y hostil».
La reacción de Madrid fue más contundente que la de muchos otros líderes internacionales, quienes en general instaron a la moderación, la protección de los civiles y el respeto del derecho internacional sin criticar directamente a Estados Unidos ni a Israel.
«Rechazamos la acción militar unilateral de Estados Unidos e Israel, que representa una escalada y contribuye a un orden internacional más incierto y hostil», escribió Sánchez en X.
La declaración se produjo tras los ataques a gran escala llevados a cabo por Estados Unidos e Israel en Irán, que, según informes, tuvieron como objetivo una instalación en el centro de Teherán que se cree que es la residencia del líder supremo iraní, Alí Jamenei, de 86 años.
En una declaración conjunta, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, António Costa, describieron la situación como «profundamente preocupante» e instaron a todas las partes a evitar acciones que pudieran agravar las tensiones o socavar el marco global de no proliferación.
El presidente francés, Emmanuel Macron, calificó los ataques como un «estallido de guerra» con posibles consecuencias graves para la paz y la seguridad internacionales, y añadió que Francia solicitaría una «reunión urgente» del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Sánchez pide «pleno respeto al derecho internacional»
Sánchez fue más allá en sus críticas, pero también condenó al gobierno iraní y a su Guardia Revolucionaria, pidiendo una «desescalada inmediata» y un «pleno respeto al derecho internacional».
Sus declaraciones reflejan un cambio más amplio en la política exterior española, donde España se perfila como una de las voces europeas más críticas con respecto a la política exterior de Washington, la campaña militar de Israel en Gaza y la represión de las protestas internas por parte de Irán.
España fue uno de los primeros países en rechazar abiertamente la invitación de la administración Trump para unirse a su iniciativa «Junta de Paz», cuyo principal objetivo era la reconstrucción de Gaza, alegando preocupaciones sobre su coherencia con el compromiso de Madrid con el derecho internacional, las Naciones Unidas y la diplomacia multilateral.
Sánchez ha descrito abiertamente la situación en Gaza como un «genocidio» y ha sido uno de los principales defensores de los esfuerzos para designar al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) de Irán como organización terrorista.
Ha buscado posicionar a Madrid como mediador e interlocutor para el mundo árabe, participando en una cumbre de alto nivel en Dubái el mes pasado y reforzando los lazos con los países del Golfo.
Como una voz abierta a favor de la causa palestina en lo que él llama «la única vía viable para una paz duradera» en Oriente Medio, Madrid reconoció la decisión palestina en un importante impulso diplomático en 2024 para una solución de dos Estados. Francia, en cambio, lo hizo en 2025.
El pasado diciembre, Mahmud Abás se reunió con Sánchez en Madrid, donde elogió sus esfuerzos diplomáticos para imponer un alto el fuego y su defensa del Estado palestino.
Consolidando un cambio en la política exterior española, Sánchez participó como invitado especial en la 34.ª Cumbre de la Liga de los Estados Árabes, celebrada en Bagdad el año pasado.
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