OPINIÓN

*Escribe Humberto Toledo, director general de LaCity.com.ar, especialista en análisis de política internacional.
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Los industriales están furiosos con Milei. No es para menos. Después de años, décadas, de construir un plan macabro para armar una verdadera «política de Estado», en colaboración con sindicatos y políticos, aparece un sapo de otro pozo y descorre el velo: Javier Milei.
Milei, presidente de los argentinos desde diciembre de 2023, atacó el nucleo del «Triángulo del Atraso». La concesión que ganó un grupo indio para vender tubos sin costura, con una oferta mejor que la del grupo argentino Techint, hizo saltar el tablero.
Ahora que el plan quedó al descubierto la población sabe que en más de medio siglo ─largamente─ pagaron más caro los productos industriales además de soportar la baja calidad.
La Argentina industrial como la conocimos no existe más. Estuvo siempre asociada al peronismo en sus distintas variables, desde la época de Perón hasta la actual de los Kirchner que no es algo distinto que comunismo camuflado.
El investigador norteamericano Paul Lewis estima que el sistema industrial argentino comenzó en la década del 20 del siglo pasado con protección del Estado para construir un tejido industrial necesario por las dificultades de los países proveedores, tanto Europa como Estados Unidos. La época de exportar cuero y recibir zapatos de calidad.
El Triángulo del Atraso (empresarios, sindicatos, políticos) gobernó desde entonces superando el límite de cada gobierno. Una verdadera «politica de Estado». Al final del camino, con la motosierra de Milei, se terminó el negocio.
Algunos presidentes intentaron modificar el rumbo que tenía a la población de reehén. Perón avanzó con la explotación del petróleo firmando un contrato de exploración con la Standard Oil de Estados Unidos. En 1952 promovió una apertura al capital extranjero que fue rechazado en el Congreso. Los radicales acusaron al presidente de «traidor a la Patria». Tres años después Perón fue destituido por un golpe militar.
Frondizi modificó el rumbo de la petrolera estatal YPF para mejorar el sistema que había caído a niveles mínimos de producción. El efecto fue notorio, el país estuvo muy cerca del autoabastecimiento.
Menem transformó radicalmente la forma de encarar la exploración abriendo la posibilidad de intervenir en licitaciones al capital extranjero. El resultado fue muy positivo. La provisión de los tubos sin costura siguieron en manos de Techint.
Una síntesis de la producción industrial se puede encontrar en un pequeño artefacto que lleva al menos cincuenta años en los hogares del país, el abrelatas.
El aparato dejó de existir en los países avanzados en términos industriales, y no estoy hablando del primer mundo.En Argentina, los envases de latón de productos comestibles siguen sin variación. En la competencia quedaron atrás el latón y el abrelatas. La industria produce envases de una aleación muy liviana que además se abre con una pestaña sin esfuerzo alguno. Un ejemplo muy simple que explica la falta de interés de los industriales en modernizar la producción a pesar de los cuantiosos fondos que reciben del Estado.
Milei denunció el caso sin piedad. Habla directamente de «robo a la población durante cien años». La economía de mercado ─el sistema capitalista, en fin─ no admite la ingerencia del Estado en la vida de las empresas. Mala noticia para el Triángulo del Atraso, siempre acompañado por la izquierda y el falso dilema de la «soberanía nacional». Milei lo hizo. Impecable.
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