España y la izquierda repiten la historia

ESPAÑA

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Presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez / Foto: PSOE

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En medio de un enfrentamiento con Trump, el líder español busca un impulso similar al que creó una causa común en 2003 y le dio a la izquierda una victoria inesperada en las urnas.

Sucedió hace 23 años, en febrero de 2003, antes de que el fenómeno conocido como polarización se afianzara y prácticamente relegara el concepto de amplio consenso a los libros de historia. El CIS, el Instituto de Estadística de España, preguntó a casi 2.500 ciudadanos su opinión sobre la intervención militar en Irak que preparaba la administración de George W. Bush y que contaba con el apoyo del gobierno español, entonces liderado por José María Aznar del Partido Popular (PP). El resultado fue uno de esos acuerdos multipartidistas tan raros hoy en día. Más del 90% de los encuestados rechazaron la guerra. Y el rechazo se extendió a las calles, con manifestaciones masivas que movilizaron a más de tres millones de personas bajo el lema «No a la guerra».

Es el mismo lema que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), repitió deliberadamente el miércoles, en una comparecencia para explicar su decisión de rechazar el uso por parte de Estados Unidos de las bases militares conjuntas de Rota y Morón para el ataque contra Irán. «La postura del Gobierno se resume en cuatro palabras: “No a la guerra”», afirmó. Esta negativa ha llevado al presidente estadounidense, Donald Trump, a amenazar a España con un embargo comercial.

La postura de Sánchez pone de relieve una reivindicación histórica de alto valor simbólico, especialmente para la izquierda política, que hace 23 años ─como ahora─ casi todos la daban por perdida en las próximas elecciones, pero que se unió en torno a una causa común y acabó logrando una victoria inesperada en las urnas al año siguiente.

«Los paralelismos son tan evidentes que prácticamente se hacen solos. Basta con que el primer ministro pronuncie esas cuatro palabras para que casi todo el mundo recuerde tanto el sentimiento de unidad que desencadenó el movimiento como lo que significó la guerra de Irak: una invasión sin la aprobación de la ONU, una década de terrorismo en Europa, el aumento de los precios de la energía…», añade una fuente de La Moncloa, sede del gobierno.

«El movimiento “no a la guerra” posee características que podrían movilizar a la izquierda y, al menos, inquietar a la derecha. Entre estas características se encuentra su dependencia de un antiamericanismo generalizado, lo que hace impopular la imagen de subordinación a Estados Unidos. Además, se beneficia de la impopularidad de Donald Trump. Sin embargo, no se deben esperar efectos inmediatos. Es una idea que tardará en consolidarse y no detendrá algunas tendencias electorales que favorecen a la derecha y la ultraderecha», afirma una fuente cercana a los esfuerzos de Sánchez por vincular 2003 con 2026.

Carmen Lumbierres, profesora de Ciencias Políticas en la UNED (Universidad Nacional de Educación a Distancia), percibe intenciones «claras» en el resurgimiento del lema «no a la guerra». «Canalizar las emociones de los votantes, especialmente de los progresistas, hacia un momento de rebelión contra las mentiras del PP y contra una guerra injustificada, estableciendo un paralelismo», explica. No obstante, esta experta considera que ha transcurrido demasiado tiempo para que sea realmente efectivo. «Ni la composición del país ni sus preocupaciones son las mismas. Lo que impulsa el voto hacia la derecha, especialmente entre los jóvenes, y lo que incendia las redes sociales, no es el rechazo a la sumisión a Estados Unidos ni a una invasión ilegal, sino la defensa de la identidad occidental frente al islam, presentado como una amenaza».

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