OPINIÓN

*Escribe Humberto Toledo, director general de LaCity.com.ar, especialista en análisis de política internacional.
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En este ancho río de escasa profundidad la prensa navega sin inconvenientes, salvo algún que otro elefante, invisible por decisión u omisión.
En los recordatorios del golpe militar del 24 de marzo de 1976 sobresalen en todo el espectro informativo los intereses del sector que individualizo como «defensores de Derechos Humanos», otra designación que encubre a la izquierda radicalizada.
La injusticia que rodea al tema es aberrante. Reclamo para hombres y mujeres que atentaron contra la democracia a sangre y fuego, con apoyo del arco político excepto los militantes que formarían más tarde La Libertad Avanza, el partido del presidente Javier Milei.
La demostración de la izquierda en la Plaza de Mayo este 24 de marzo fue de impacto para los desprevenidos. ¿Fueron cien mil? Apenas alcanza para conseguir un concejal en la Ciudad de Buenos Aires.
La destitución de la presidente constitucional María Estela Martínez de Perón (Isabel) apenas recibió unas líneas. Un episodio dramático que ninguna mujer «militante» ─que defienden el género─, tomó en consideración. Los pormenores, de abrirse una investigación aunque sea de la prensa, podrían explicar parte del drama posterior, un episodio oscuro de la historia reciente.
Apenas falleció el presidente constitucional Juan Domingo Perón, la izquierda decidió que había llegado el momento de tomar el poder por asalto. El boicot contra el gobierno de Isabel Perón de los sindicatos, de la guerrilla, de los politicos, de las organizaciones sociales, siguieron al pie de la letra la hoja de ruta trazada por el italiano Curzio Malaparte (Kurt Erich Suckert) en 1931, en la obra «Técnica de golpe de Estado».
La población reclamaba a los gritos por la intervención del Ejército para frenar el caos con sangre que promovia la izquierda procubana aliada del resto de los sublevados. Isabel Perón no contaba con la inteligencia ni la fuerza para enfrentar el temporal. La CGT que tenía una relación de máxima confianza con Perón, también se subió al tren del golpismo. Muy debilitada por falta de conducción (los Montoneros habían asesinado al secretario general Jose Ignacio Rucci el 25 de setiembre de 1973, seis meses antes del golpe) Isabel espero en vano el apoyo de la CGT. El Cinturón Rojo (según el jefe de la Unión Cívica Radical, Ricardo Balbín) asfixiaba a un gobierno que no tenía salida, la política había dejado lugar a las balas.
La economía estaba destruida con una inflación de tres dígitos y una moneda inexistente, papeles sin valor.
En 1979 se produjo la visita de una delegación militar de la URSS para estrechar relaciones con los militares que gobernaban desde 1976. El Tte. Gral. Viola, como Comandante en Jefe del Ejército, condecora al jefe de la misión rusa, Tte. Gral. Braiko, con la Medalla de Oro del Estado Mayor del Ejército. Al mes siguiente viajó a Moscú una delegación argentina encabezada por el general Montes, director de Institutos Militares, quien fue condecorado a su vez por los rusos.
¿Pragmatismo? Así lo toman la mayoría de los analistas que no buscan mas a fondo el «intercambio» de favores que ocurrían entre la cabeza del comunismo internacional y la Junta Militar argentina.
En silencio esa relación ganaba en intensidad. Después de la invasión soviética a Afganistán, Washington adoptó medidas de represalia ─embargo de cereales, rechazo al boicot a las Olimpíadas que se disputaban en Moscú, a la decisión de la Junta de triplicar la venta de carne y cereales, rechazo en los foros internacionales a las denuncias por violación a los DD. HH. que promovía Estados Unidos y Canadá centralmente.
¿Fuerzas Armadas antiimperialistas? Insólito.
Sobre el final del tenebroso circuito, los militares ahogados por sus propios errores, presionados por una opinión internacional implacable con las dictaduras, jugaron una última carta que los coloca en el lado antioccidental del tablero mundial, la invasión de las argentinas Islas Malvinas bajo ocupación inglesa .
Nunca se conocieron explicaciones sobre las ideas de los militares, pero los hechos están allí, son irrefutables.
Por ahora solo cabe preguntar ¿qué enseñan a los oficiales en los colegios militares de la nación, en qué bloque político se ubican? Durante largos años la izquierda hizo campaña pública acusando a las FF. AA. de estar al servicio de Washington. La falacia prendió y se extendió. Tarea para la democracia.
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