
* Por Norberto Zingoni corresponsal de La City en Madrid
España 1978: Viejos adversarios (y a veces enemigos) de la guerra civil española tenían que dictar una Constitución luego de 40 años de dictadura de Franco. Se miraban, se recelaban pero cuando todo parecía irse al garete recordaban los horrores de la guerra civil, respiraban hondo y seguían trabajando juntos. Poco antes habían sancionado la legalización del Partido Comunista, la nueva ley de Partidos políticos y estaban deteniendo la inflación con el pacto de la Moncloa. El rey Juan Carlos, Adolfo Suárez, Santiago Carrillo (del partido comunista) Fraga Iribarne (había sido de las juventudes franquistas), los generales franquistas que paraban el posible golpe de estado, todos, todos se conjuraron y le ofrecieron a España 40 años de crecimiento, paz y desarrollo. Eso fue la Transición.
1982-2004: Dos líderes, dos hombres de estado, Felipe González del PSOE y José María Aznar del PP, continuaron admirablemente la labor de la Transición. Pero pareciera como que las dos Españas cainitas que cantó Machado insisten en volver a través de mediocres dirigentes. Y volvieron.
España 2004: Todas las encuestas dan por posible ganador al Partido Popular, pero un atentado terroristas que cuesta 200 muertos da vuelta la elección y aparece Rodríguez Zapatero (le llamaban el presidente por accidente ya que sin el atentado no ganaba las elecciones). Y comienza, irresponsablemente, la demolición de 40 años de concordia. Y empieza a revolver cementerios en busca de víctimas del bando republicano, cambia el nombre a las calles, retira un busto de Franco que nadie sabía que había estado allí. Tapado por los árboles, y por la historia, hemos pasado veinte veces por allí y nadie sabía del busto. Sanciona una inicua ley de “Memoria histórica” y se propone ganar la guerra que los republicanos habían perdido 60 años antes. Y no solo: propone a la humanidad una “alianza de civilizaciones” que ni él entendía qué era.
España 2011: Asume el presidente Rajoy, un burócrata del Partido Popular cuyo único objetivo en el gobierno era ganar elecciones y tolera toda esta andanada de revivir la guerra civil, guerra civil que ya estaba muerta y enterrada y arrinconada en los libros de historia y que la mayoría de los españoles había dejado atrás.
España 2018: Sánchez: Otro “presidente por accidente” que con un mínimo histórico de diputados entra por la ventana al gobierno apoyado por ETA, los separatistas vascos y catalanes y por el neomarxismo de Podemos. Y, vuelta la burra al trigo, este continuador de Rodríguez Zapatero quiere tirar abajo el Valle de los Caídos (al igual que con el busto de Franco, el español medio ya se había olvidado del Valle de los Caídos, apenas si iban algunos turistas), bajar la gran cruz, y desenterrar a Franco y a Primo de Rivera. Y por supuesto, la familia de Franco, y la Iglesia se oponen porque es un lugar (al lado del altar) que no puede vulnerarse por ninguna autoridad civil. Ni siquiera por el presidente por accidente II si la Iglesia o la familia no dan conformidad.
¿Cómo terminará esta antología del disparate? Es probable que el presidente Sánchez -vía elecciones anticipadas- termine su mandato antes que la exhumación de Franco.
Esta es la historia de un disparate que he tratado de explicar desde España a los
amigos de esta página.
