Tarea tan imposible como improbable la moderación del discurso del candidato de la izquierda para ganar en Brasil

INTERNACIONAL

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Fernando Haddad / Foto: PT – Partido dos Trabalhadores

El candidato de la izquierda radicalizada a la presidencia de Brasil, Fernando Haddad, tendrá que conseguir una hazaña política si quiere revertir la derrota que sufrió en primera vuelta a manos de su rival el conservador Bolsonaro.

Para tener una oportunidad de ganar en la segunda vuelta del 28 de octubre contra Jair Bolsonaro, Haddad tendría que moverse al centro, distanciarse de su mentor político y denunciar la corrupción que floreció durante los mandatos de su partido entre 2003-2016, dijeron analistas políticos.

Haddad, un ex-alcalde de Sao Paulo de 55 años, se convirtió en el candidato del Partido de los Trabajadores (PT) hace apenas un mes, después de que el ex-presidente y fundador del PT Luiz Inácio Lula da Silva no pudiera postularse debido a una condena por corrupción.

Lula, ex-líder sindical y símbolo de la izquierda desde hace mucho tiempo, cumple una sentencia de 12 años de prisión y se enfrenta a otros cinco juicios.

En la campaña, el eslogan del PT ha sido literalmente: «Haddad es Lula. Lula es Haddad». El mensaje era necesario para mantener el apoyo de las facciones de izquierda del partido, que no han abrazado completamente la política centrista y el historial académico de Haddad.

Pero ese eslogan no será suficiente para vencer a Bolsonaro, que le lleva ventaja y trae impulso. El capitán del ejército retirado superó lo que le auguraban la encuestas de opinión y obtuvo un 46 por ciento de los votos en la primera vuelta del domingo, en comparación con el 29 por ciento de Haddad.

«Haddad tiene que cambiar o morir», dijo Sergio Praça, analista político de la Fundación Getulio Vargas. «También debe dejar de hablar de que Lula es un preso político. No va a ganar siguiendo esa línea».

La popularidad de Bolsonaro ha subido pese a que ha elogiado la dictadura de 1964-1985 en Brasil, lo que ha despertado el temor a que militarice el gobierno del país más grande de América Latina.

Bolsonaro también ha sido acusado de promover un discurso de odio por sus diatribas contra homosexuales, negros y mujeres. El diputado ha desestimado los cargos como un ataque político.

Con su demostración de apoyo el domingo, los votantes de Bolsonaro mostraron que, al igual que los estadounidenses que respaldan al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, no les importa su retórica incendiaria. De hecho, ese es gran parte de su atractivo.

Quieren que reprima las estructuras políticas, destruyendo un sistema que no se ha querido reformar.

En un discurso del domingo por la noche, Haddad habló de unificar al país en torno a los principios democráticos.

Agradeció a Lula por su apoyo y dijo que lo visitaría en la cárcel el lunes, además denunció a Bolsonaro como representante de los oscuros días autoritarios de Brasil. Pero ni una sola vez mencionó la «corrupción».

«Haddad tiene que decirle al pueblo brasileño que el PT cometió graves errores, lo que no hizo en la campaña de primera vuelta», dijo Carlos Melo, politólogo de Insper, una escuela de negocios de Sao Paulo. «No tiene impulso y tendrá que trabajar incansablemente para explicar por qué la gente debería votar por él y volver a poner al PT en el poder».

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