¡¡¡Bienvenido a la política Señor Presidente¡¡¡

OPINIÓN

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A pura emoción / Captura Youtube

Por Antonio Calabrese, abogado constitucionalista, historiador, político. Columnista de lacity.com.ar

 

 

Ya en el último tiempo de su mandato, en el discurso inaugural de las sesiones ordinarias del Congreso, el Presidente de la República que, durante los tres años anteriores, junto a sus principales espadas, se ocupó de denigrar a la política, pronunció el mejor mensaje de toda su presidencia.

No solo por el contenido, sino por la actitud, fue un verdadero discurso político, por el liderazgo que el mismo traslucía, según la sensación generalizada, pero también fue el reconocimiento de su fracaso, de haber desperdiciado, por su jactanciosa conducta los tres años anteriores.

El descubrimiento de la política como medio de comunicación con su pueblo, como manera de hacer conocer lo que pretende son sus logros, sus objetivos, su tarea de ordenamiento, como forma de demostrar que su gabinete no es un agrupamiento de despiertos y vivos empresarios codiciosos, que ganaron mucha plata en sus negocios, y llegan al Estado como quien entra a un court de tenis, sino en el intento de presentarlos, indirectamente como preocupados por los ciudadanos de a pie, ha sido un buen intento.

Como un general que le habla a su muy sacrificada infantería a la que después de marchas sobrehumanas le exige, en las vísperas de la batalla, ante el campo del honor que, en la próxima alborada, al despuntar la mañana, sin sosiego, sin descanso, brinde el sacrificio final, para derrotar al poderoso ejercito enemigo, que desde siempre amenazó con una profusa acumulación de materiales, técnica y divisiones.

Puede ser tarde Señor, su desprecio o ignorancia de una conducta tan necesaria y tan vieja como la vida misma en la colectividad, que además es una ciencia, lo marcó. Mas allá de sus intenciones buenas o malas, que no juzgo, el error propio o impulsado por sus gurúes de las estadísticas que se escudan detrás de la puerta hizo trizas una ilusión, una esperanza, a la que se habían aferrado millones de argentinos.

La soberbia de algunos de sus próximos acólitos que se burlaban de esa manera internacional de relacionar al conductor con su pueblo, hace más notorio y mas profundo el fracaso, que creó, al menos hasta hoy, la distancia con los que día a día deben pagar las facturas de energía, la compra de vituallas para su alimentación más elemental, pagar los alquileres inflacionados, mandar sus hijos a la escuela o cobrar las magras jubilaciones debiendo elegir entre comer o comprar los remedios.

Puede ser que le alcance para rectificarse, por el bien de los argentinos, que como usted dice, no quieren volver al pasado, pero a los que la opción que les ofreciera, expuesta de la forma en que lo hizo durante estos últimos años, tampoco les satisfizo.

Mientras la vulgaridad, la torpeza, la mala educación, el desprecio por las instituciones, demostrada en el recinto por los desorbitados vencidos en 2015, ponían de resalto el pasado que dejamos atrás, tal vez ahora con la política pueda demostrar usted que, a pesar de los sacrificios impuestos, es mejor que ellos.

El desprecio por la política fue un acto insensato para con su pueblo, casi suicida, en cierto modo parecido al de los energúmenos que intentaban impedir que pronunciara su disertación ante la Asamblea, por que son de la misma naturaleza que los malos modales.

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