Calabrese, la cuestión del presidente de México con la conquista de España

OPINIÓN

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Andrés Manuel López Obrador / Foto: MarioDelgadoSi

Por Antonio Calabrese, abogado constitucionalista, historiador, político. Columnista de lacity.com.ar

 

 

 

AMLO ha llevado a México, que debiera ser un país líder en la comunidad latinoamericana, al borde del ridículo, desde donde, como sabemos, no se vuelve, juntamente con esta escatológica corriente tercermundista de populismo progresista.

Se llevó, pobres mexicanos, a todos puestos.

El reclamo indemnizatorio por la conquista de España bajo los principios religiosos practicados según la época, del territorio que hoy ocupan los Estados Unidos Mexicanos, es una muestra más del escasísimo nivel del liderazgo, de cualquier demagógica aseveración para simpatizar a las masas marginales, de la falta de inteligencia para resolver sus propios problemas de identidad.

No quisiera mencionar a la prescriptibilidad jurídica después de quinientos años, porque eso sería casi tan ridículo como el reclamo, pero si al menos recordar la prescriptibilidad histórica, filosófica y genética de la nacionalidad hispanoamericana, en este caso.

Es cierto que la conquista, fue una guerra, que fue a sangre y fuego y que cargó en sus espaldas, con las sangrías, traiciones, felonías, crueldades y miserabilidades de toda guerra, adjetivaciones adaptadas, a las costumbres de entonces.

Yo estimo, que, en este caso, España, por no decir el Papa que es un poder espiritual, o al menos debiera serlo, podría compensar con mucha ganancia a ese absurdo reclamo, por su labor civilizatoria, al menos para cualquier mexicano medianamente inteligente.

Sin los avances proporcionados por la civilización judeocristiana, México estaría tal vez propiciando los sacrificios humanos, tal cual los rituales de los pueblos originarios, o en vez de comunicarse por satélites o WhatsApp, lo harían por señales de humo o por el sonido de alguno de esos instrumentos musicales arqueológicos.

No recuerdo en las artes de los pueblos originarios a ningún Miguel Ángel o Leonardo, a ningún predicador como Jesús, Lutero, Calvino, a ningún navegante como Cristóbal Colón, a un genio que socializó la cultura como Gutenberg, o filósofos de la talla de Spinoza que hizo dudar hasta a los monoteístas más extremos, tampoco y ya más recientemente a un Einstein, que demostrara que lo que «es» puede llegar a no serlo. O toda la retahíla de inventos esparcidos gracias a esa civilización judeocristiana de la que AMLO apostrofa y sin la cual tal vez se cubriría con taparrabos.

Voltaire, Montesquieu, Marconi, Franklin, y la enorme cantidad de sabios que produjeron aquello a lo que hoy podemos llegar o aspirar.

No recuerdo haber visto a ninguno de los mejores hombres de sus pueblos originarios que pudieran haber alcanzado esos niveles o competir de esa manera o parecida, por el mejoramiento a la calidad de vida de su pueblo, como los que le he nombrado y los millones más que han existido, en este lado del mundo antes del advenimiento del progresismo ridículo del que hace gala tristemente.

En realidad, muy poco se debe decir para no ofender, pero espero que a AMLO con su «popuprogresismo» no le vaya como a sus compañeros de ruta de Latinoamérica, para quienes llego a acuñarse el termino de «ladriprogresismo», como ocurrió en Perú, Brasil y Argentina, para no citar sino a unos pocos, en los que la corrupción desbordada se llevó a todos sus líderes y sicarios a la cárcel para enlodar definitivamente a un sistema cazabobos.

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