Posibilidad de cárcel por corrupción no disminuye interés por Cristina Kirchner

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Cristina en 2015, sentado (hoy preso) Julio de Vido / Foto: Secretaría de Cultura de la Nación

Lectura: 3 minutos

Pareciera que nada puede acabar con el fenómeno político llamado Cristina Fernández de Kirchner.

Ni estar procesada en una decena de causas de corrupción, ni negarse a criticar abiertamente a Nicolás Maduro, ni haber sido un factor dentro de la división y tensión política habitual en Argentina. Nada de eso la archiva como figura.

Este jueves, la presidenta de Argentina entre 2007 y 2015 presentará su libro, «Sinceramente», en la Feria del Libro de Buenos Aires.

Al acto no puede ingresar la prensa por «razones de seguridad». Tampoco pueden usarse celulares y todas las entradas fueron otorgadas por invitación.

Afuera, en la ancha avenida Sarmiento del barrio porteño de Palermo, pondrán pantallas gigantes para que sus seguidores la acompañen.

Desde que dejó la presidencia en un polémico traspaso de mando al que se negó a asistir, Fernández nunca dejó de ser protagonista de la política local.

En parte porque en 2017 fue elegida senadora y tuvo varias intervenciones mediáticas en el Congreso durante debates de alto impacto, como el caso del aborto.

Pero también porque las acusaciones y escándalos de corrupción, que empezaron en junio de 2016 con la publicación de un video de un asesor suyo escondiendo bolsos de dinero en un convento, dominaron la prensa durante estos años.

Varios de sus aliados pasaron por la cárcel o siguen presos y ella está citada para empezar juicios orales en los próximos meses.

Fernández niega los cargos; dice que todo es parte de una persecución política del gobierno de Mauricio Macri en la línea de lo que, para ella, pasa en Brasil con elexmandatario Lula da Silva.

Según la experta María Teresa Casullo, Kirchner representa a un sector minoritario pero importante del electorado ─un 30%─ por dos razones.

«Una es de carácter programática: hay un aparte de la sociedad que espera ciertas cosas de un gobierno ─limitaciones al mercado, redistribución del ingreso, mayor inversión pública en educación y salud, respeto a los derechos humanos─ que nadie ofrece de manera tan clara como ella», explica.

Pero, por otro lado, «hay una identificación afectiva con respecto a lo que representa ella como símbolo de un momento de Argentina y América Latina».

La analista concluye que «ninguna figura de la oposición apostó a que al gobierno de Macri le fuera a ir mal económicamente y apostó desde el principio a hacer oposición franca».

La situación del país, que entró en recesión y vio sus indicadores económicos empeorar de manera dramática, le terminó dando la razón.

(artículo de la BBC)

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