China: economía se dispara con represión política más severa que nunca

INTERNACIONAL

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Plaza de Tiananmén (1989) / Foto: chi na

Lectura: 3 minutos

En los 30 años que pasaron desde las protestas de la Plaza de Tiananmén, la economía china se disparó y llegó a nuevas alturas, pero la represión política es más dura que nunca.

Cientos de miles de musulmanes están detenidos en campamentos de reeducación sin que se los haya acusado de delito alguno, los estudiantes activistas enfrentan un acoso constante y los líderes de los sectores disidentes fueron arrestados o simplemente desaparecieron.

Las organizaciones religiosas están sometidas a grandes presiones para amoldarse y un enorme aparato de vigilancia le da al sistema aristas que muchos consideran totalitarias.

El panorama dista mucho del que soñaron los estudiantes idealistas que llevaron sus reclamos a Tiananmén y el nivel de control de la población es superior al que nadie creyó posible incluso después de la sangrienta represión de las manifestaciones en la noche del 3 al 4 de junio de 1989.

Hay quienes dicen que la represión, que dejó cientos, si no miles, de muertos marcó el rumbo que mantiene incluso hoy el Partido Comunista, con represión brutal del disenso, encarcelamientos sin orden de detención y el uso frecuente de la violencia contra los opositores para «mantener la estabilidad» del sistema.

«El episodio del 4 de junio cambió el rumbo de la historia china», expresó Zhang Lifan, quien en 1989 enseñaba en la Academia China de Ciencias Sociales. «La tesis de que China crecería y sería un país normal, estable, a partir de un proceso de reformas políticas quedó totalmente desvirtuada».

Cuando se les menciona la represión, las autoridades chinas invariablemente hablan de los progresos económicos de la nación. En las tres décadas que pasaron desde las protestas, China pasó a ser la segunda economía más grande del planeta y hace fuertes progresos en sectores como los trenes de alta velocidad, la inteligencia artificial y las comunicaciones con tecnología 5G.

La armada china recorre el mundo, su programa espacial lanzó media docena de misiones tripuladas y sus proyectos de infraestructura en todos los rincones del mundo extienden su influencia desde Nairobi hasta Holanda.

En el plano político, no obstante, el estado nunca ha sido tan represivo. Las restricciones a la libertad de expresión abarcan incluso lo que se publica en las redes sociales y cualquier sospecha de denuncia del sistema puede generar una respuesta instantánea de las autoridades. El aparato de seguridad opera con impunidad, se difunde por televisión confesiones forzadas y se condena a la cárcel por la infracción más minúscula, desde «provocar peleas» hasta «incitar a la subversión».

Los pedidos de reformas, incluso las más moderadas, son reprimidos o simplemente ignorados. Algunos movimientos de base que planteaban reformas se diluyeron hace algunos años cuando el PC se negó a ceder el más mínimo control. Los organismos deliberativos a todos los niveles están llenos de figuras que votan como se les dice y la legislatura nacional es una mera formalidad que acata las órdenes de arriba. Xi Jinping fue reelegido el año pasado como presidente y jefe del PC por un margen de 2.970-0.

Xi, considerado el líder más poderoso en una generación, aprovechó para enmendar la constitución y abrir las puertas a la reelección indefinida.

Artículo relacionado: China defiende represión militar ocurrida en Tiananmén el 4 de junio de 1989

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