Jefatura política y poder vicario: el caso de Justo José de Urquiza y Santiago Derqui

OPINIÓN

Batalla_de_Pavon
Batalla de Pavón / Foto: Museo Mitre

Por Claudio Chaves, profesor de Historia y licenciado en Gestión Educativa. Director de Escuela Secundaria de Adultos. Columnista especial de Lacity.com.ar

 

 

 

 

 

Lectura: 7 minutos

Vencido don Juan Manuel de Rosas en la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852, las cosas cambiaron para siempre en el país. El vencedor, don Justo José de Urquiza, convocó a San Nicolás de los Arroyos a los gobernadores de las provincias interiores, acordándose la realización de un Congreso General Constituyente a reunirse en la ciudad de Santa Fe. Si bien la provincia de Buenos Aires no aceptó el convite, la República Argentina se consolidó al amparo de la Constitución de 1853, la Presidencia de Justo José de Urquiza y la ciudad de Paraná, como Capital Federal. En el Acuerdo de San Nicolás, don Justo construyó un gran partido o espacio político, el federalismo provinciano, donde confluyeron las dos regiones que conformaban las provincias interiores: el litoral y el interior mediterráneo. El primer período presidencial le tocó al litoral y el segundo debía corresponderle al interior profundo. Político hábil y generoso Urquiza ungió como su sucesor a un cordobés. Córdoba era la puerta al interior.

Santiago Derqui, Ministro del Interior de Urquiza, asomó como la figura más representativa de esa tendencia. Era un cordobés de pura cepa, cuyo círculo de amigos, hombres de valía y alto vuelo como Mateo Luque o Pedro Funes, eran la flor de la canela del federalismo cordobés. Llegaba el tiempo de que las provincias mediterráneas tuvieran su presidente.

Sin embargo como los problemas eran tan graves muchos políticos de entonces creían necesaria la reelección de Urquiza. El ejemplo más sorprendente fue Juan Bautista Alberdi, inspirador de la Constitución a partir de su libro Las Bases. En carta a Urquiza le decía:

«¿Quién podría desear con más sinceridad que yo, que Vuecelencia continuase en la presidencia por uno o dos períodos más? Baste decir que yo considero una desgracia el que la Constitución no lo permita. Si cuando yo escribía el proyecto en Chile, hubiese estado seguro de que Vuecelencia sería electo Presidente, no me habría atrevido a proponer el principio de no reelección, para aprovechar de una candidatura tan feliz a favor de la organización y de la paz de nuestro país.»

No era el único, Nazario Benavidez, caudillo sanjuanino, opinaba del mismo modo y en carta a un caudillo santiagueño le decía:

«Luego que los asuntos de aquí tengan solución nos reuniremos para acordar lo necesario para afianzar el general Urquiza en la Presidencia de la Confederación por un período más».

Sin embargo la decisión de Urquiza fue otra, ceder para el segundo término presidencial la posta a un hombre del interior mediterráneo, expresión del federalismo duro.

 

SANTIAGO DERQUI
Oriundo de Córdoba desempeñó distintos cargos políticos hasta llegar a ser Vicerrector de la Universidad. Vinculado al general José María Paz lo acompaño como secretario cuando este encaró una fiera lucha contra Juan Manuel de Rosas. Como federal provinciano jamás transó con el caudillo porteño y debió marchar al exilio en Montevideo. Triunfante Urquiza participó del Congreso Constituyente de Paraná en representación de su provincia. Vicente G. Quesada que lo conoció bien lo describió como un hombre alto, cargado de hombros que caminaba con dificultad y era de tez morena. Reía con frecuencia, fumaba en exceso y tomaba mate de forma incansable.

Afirma también que no conoció la avaricia y murió pobre. No era orador y se expresaba con laconismo. Era perezoso, leía novelas y gustaba permanecer en la cama hasta muy tarde, y a veces días enteros sin embargo no le arredraban las dificultades.

Un hombre con estas características pretendió siendo ya Presidente arrebatarle la jefatura del federalismo provinciano a Urquiza generando una crisis institucional de proporciones gigantescas.

LA PRESIDENCIA DE DERQUI
El juego de Derqui para desprenderse de la tutela urquicista fue sumamente peligroso. Entró en tratos con Bartolomé Mitre, gobernador de Buenos Aires, provincia que se hallaba fuera de la República Argentina.

Primero le solicitó un hombre para cubrir el Ministerio de Hacienda, Mitre le envió a Norberto de la Riestra, y segundo firmó un convenio con Buenos Aires que echó para atrás el núcleo central del Acuerdo de San José de Flores firmado durante la Presidencia de Urquiza. En síntesis ¿qué ocurrió? Por el Pacto de Flores, la Aduana de Buenos Aires pasaba a manos de la Nación, excelente logro de don Justo. Por el convenio firmado por Derqui la Aduana volvía a manos de Buenos Aires y esta provincia se comprometía a entregarle a la Nación una suma determinada de dinero. ¡Y esto lo hacía el Presidente que hasta la víspera expresaba el federalismo intransigente! Estas agachadas frente a Buenos Aires perseguían el claro objetivo de seducir a la ciudad puerto, incorporarla a la Nación, y ser él, Derqui, el constructor de la Unidad Nacional. Por lo tanto nuevo Jefe del federalismo provinciano. Como si esto fuera poco don Santiago le envía una carta a Mitre donde le dice: «Ya comuniqué a usted mi resolución de gobernar con el partido liberal donde están las inteligencias. Declaro a usted francamente que en las demás provincias yo no veo hombres que reúnan las condiciones». Incomprensible.

El juego del Presidente fue suicida. Asumió el cargo por voluntad de Urquiza y ahora rompía con él, con apoyo porteño. Las concesiones que Derqui otorgó a Buenos Aires fueron innumerables y harían esta nota extremadamente larga. En síntesis dos grandes partidos el Federal provinciano cuyo jefe ya lo hemos dicho era Urquiza y el Liberal porteño cuyo caudillo era Bartolomé Mitre.

La Provincia de Buenos Aires debía incorporarse a la Nación por lo acordado en el Pacto de San José de Flores cuando Urquiza era Presidente, pero ahora la autoridad nacional era Derqui, le disputaba la jefatura, y pretendía alzarse con los laureles de la unión nacional. Mitre, político de fino olfato percibió rápidamente la fractura del frente del interior y la incentivó. El enfrentamiento entre Derqui y Urquiza impidió la incorporación pacífica de Buenos Aires al país y hubo una nueva batalla: Pavón.

Las fuerzas provincianas conducidas por Urquiza enfrentaron a las porteñas dirigidas por Mitre. El Presidente era Derqui.

En esa situación Urquiza decidió perder la batalla retirándose del campo de lucha. El triunfo de Mitre era el fin de la Presidencia de Derqui. Urquiza agradecido. La oposición le sacó su enemigo interno.

Cosas que pasan cuando el jefe político no se halla en la conducción del Estado Nacional o el poder vicario se considera más de lo que es. La política tiene esta dinámica. ¿Lo sabrán Alberto y Cristina? ¡Seguro que sí! Ya se están preparando.

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