Cadena británica BBC analiza crítica situación política y social que vive Argentina

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Presidente argentino, Mauricio Macri / Foto: Casa Rosada (Presidencia de la Nación)

Lectura: 5 minutos

Cuando en mayo de 2018 el presidente argentino Mauricio Macri anunció que el país firmaría un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para tratar de contener una fuerte devaluación del peso, los argentinos reaccionaron con preocupación.

Muchos recordaban bien lo que pasó la última vez que el país dependió del dinero del «Fondo», como se lo llama aquí: la deuda se hizo insostenible y Argentina terminó colapsando política y económicamente en diciembre de 2001.

Los temores a que se repita esa crisis, la peor en la historia reciente de Argentina, se avivaron cuando el pasado 12 de agosto el peso volvió a sufrir un fuerte golpe y perdió casi el 25% de su valor en un solo día.

También las acciones de las empresas argentinas se desplomaron ─algunas más del 50%─ por la mala reacción que tuvieron los mercados al arrasador triunfo del candidato opositor Alberto Fernández en las elecciones primarias.

El déjà vu de los argentinos se intensificó: otra vez un gobierno no peronista, como había sido el de Fernando de la Rúa en 2001, se sumía en una profunda crisis económica.

Una de las grandes causantes del colapso de 2001-2002 fue la política monetaria que regía entonces, conocida como la «convertibilidad», que hacía que el peso estuviera atado al dólar.

Esto le quitó al gobierno todo poder de maniobra e hizo que cuando la situación se tornó inmanejable, por falta de dólares, la única opción fuera romper esa paridad y «pesificar» los depósitos, provocando una devaluación que hizo que el peso terminara teniendo un cuarto de su valor contra la moneda estadounidense.

Hoy el gobierno ya no tiene ese «corset», por lo que las devaluaciones, aunque importantes, no son tan repentinas y las autoridades pueden aplicar diversas recetas para tratar de contener el problema.

Los bancos tuvieron gran responsabilidad en la crisis económica porque otorgaron préstamos en dólares sin límites (cosa que hoy ya no pueden hacer).

En diciembre de 2001, los préstamos en dólares llegaban a US$36.600 millones y representaban el 83% de los depósitos bancarios. Hoy alcanzan un tercio de esa cifra: US$16.000 millones (51% de los depósitos).

Pero además, a diferencia de 2001, hoy sobran las reservas para respaldar los depósitos en dólares.

En los once meses antes de la debacle de 2001, el Banco Central perdió US$22.000 millones de sus reservas internacionales, terminando el año con reservas de poco más de US$15.000 millones.

Hoy, esa cifra supera los US$64.000 millones (de los cuales solo US$7.000 corresponden al préstamo del FMI, que en total llega a US$57.000 millones).

Tanto en 2001 como ahora, las crisis ocurrieron tras un freno en el crecimiento económico.

Sin embargo, los escenarios no son comparables, aseguran los economistas.

Mark Weisbrot, director del think tank estadounidense Centro de Investigación en Economía y Política (CEPR), quien ha seguido en detalle la historia económica argentina de las últimas dos décadas, señaló a BBC Mundo que lo que se vivía en 2001 «más que una recesión ya era una depresión».

Cuando De la Rúa llegó a la presidencia, en diciembre de 1999, el Producto Interno Bruto (PIB) había caído un 3,4%, una tendencia que no logró revertir durante sus dos años de gobierno. En 2001, el retroceso fue del 4,4% y al año siguiente se duplicó.

En contraste, Macri arrancó su primer año de gobierno (2016) con una caída del 1,8% del PIB, pero la economía se recuperó al año siguiente (2,9%).

Si bien en 2018 volvió la recesión, fue una caída leve, que hasta hoy no ha superado el 4%.

No solo los factores macroeconómicos eran muy diferentes en 2001. También el escenario político.

De la Rúa había asumido como cabeza de una coalición llamada la Alianza, que se fragmentó poco tiempo después de su llegada al poder con la renuncia del vicepresidente Carlos «Chacho» Álvarez, a solo diez meses de haber asumido.

Eso generó una crisis institucional. Para finales de 2001, el jefe de Estado ya había perdido el apoyo de su partido.

La situación de Macri es muy diferente: este año busca ser reelegido, y si bien perdió las primarias por una diferencia de más de 15 puntos, obtuvo el respaldo de un tercio de la población.

Resta ver qué apoyo tendrá en los comicios del 27 de octubre.

Por otra parte, la caída en la popularidad del partido gobernante es reciente: en 2017 la coalición oficialista Cambiemos se impuso en las elecciones legislativas.

La pobreza la combaten los gobiernos ─todos─ con planes asistenciales.

Hoy, 9 millones de argentinos (un 20% de la población) reciben alguna ayuda del Estado.

Esto explica, en parte, por qué durante los últimos años dejó de haber los saqueos de supermercados que se habían tornado comunes cada diciembre. Y por qué Macri no ha sufrido tantas movilizaciones grandes, a pesar del enorme malestar social.

Aunque resta ver qué ocurrirá este año, lo cierto es que los planes sociales se convirtieron en un importante amortiguador de problemas.

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