La incoherencia y el miedo destruyen Argentina

OPINIÓN

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Presidente argentino, Mauricio Macri / Foto: Casa Rosada (Presidencia de la Nación)

Escribe Alejandro Tagliavini, analista política internacional, colaborador de Lacity.com.ar

 

 

 

 

Lectura: 5 minutos

Macri es uno de los presidentes más incoherentes. Siempre dijo que los impuestos son malos, pero aumentó la presión fiscal a lo largo de toda su carrera pública. A pesar de haberse mostrado siempre como «amigo del sector privado», privilegió al Estado ─que maneja, al que le debe su carrera y «éxito» profesional─ a costa de destruir la economía.

Por cierto, al contrario de lo que la demagogia política y su enorme poder de propaganda afirme, por definición el mercado son todos los argentinos no las grandes empresas que, por el contrario, suelen asociarse con el Estado para obtener privilegios como créditos subsidiados a costa del resto del país que paga estos subsidios por vía impositiva.

Una ley básica del mercado es la de marginalidad, según la cual se atienden primero las situaciones marginales y luego sube de escala hasta llegar al tope. De modo que, si un «modelo» realiza el camino inverso, es decir, empieza por beneficiar a los más ricos ─con el cuento del derrame─ a costa de los más pobres, es una mala política.

Por esta misma ley de marginalidad, las cargas fiscales caen con más fuerza sobre los más humildes. El Estado se arroga el monopolio de la violencia con el que impone leyes e impuestos y la violencia siempre perjudica más a los más débiles. Los impuestos son siempre derivados hacia abajo ─subiendo precios, bajando salarios, etc.─ de modo que caen con más fuerza sobre los más pobres.

Por eso es que no existe nada más irónico, y demagógico, que el «asistencialismo estatal», como la «Emergencia alimentaria», ya que se paga por vía de impuestos, es decir, lo pagan los pobres a quienes les quitan el dinero para luego ─después de pasar por una enorme burocracia que se queda con buena parte─ devolverles migajas. El 40% de los niños y adolescentes del Conurbano bonaerense reciben asistencia alimentaria, en comedores comunitarios. Y la pobreza sigue creciendo, y ya afecta, según el INDEC, al 46,8% de los menores de 14 años.

Y esta violencia estatal alienta más violencia, ya que al quedarse el Estado con estos fondos provoca marginalidad y que los «dirigentes sociales» le exijan parte de ese dinero, muchas veces con manifestaciones callejeras que usurpan espacio público.

Ahora, tan viejo como el hombre y más que la prostitución es el miedo que nubla la razón e induce a la violencia ─la coacción─ que destruye. Por miedo al dólar libre, a la libertad, y a que suba «demasiado» ─que el peso se devalúe en rigor, aunque no lo digan─ lo que provocaría «inflación», Macri ha impuesto otra de sus incoherencias: un control de cambios que dice que no le gusta. Por cierto, el «blue», relativamente tranquilo, prueba que no se habría disparado tanto.

Y así se configura un ridículo círculo vicioso destructivo: para mantener el dólar calmo ─la calma del cementerio─ el Gobierno vende dólares baratos y esto lo aprovechan muchos y «fugan» capitales. Así, Argentina es una enorme bicicleta financiera financiada en parte por el FMI. Ocho de cada 10 dólares del acuerdo FMI ─que ya desembolsó unos US$45.000 millones─, ya salieron de la economía formal, productiva, según la UNAV.

Y financiada también por una cada vez mayor presión tributaria, e inflación ─que ya ronda el 60% anual y crece─ y por acreedores privados que, seguramente, perderán o ya perdieron gran parte de su capital. Tanto han perdido que ya están exageradamente baratos y, entonces, algunos analistas internacionales como el CEO de Greylock Capital Management aconsejan «comprar los bonos soberanos de Argentina, ya que el gobierno tiene problemas de liquidez, pero no de solvencia».

Además, para contener el precio del dólar ─insisto, evitar una mayor devaluación del peso─ el gobierno ha elevado su tasa de interés de referencia y ya supera el astronómico 85% anual con lo que ha, prácticamente, desaparecido el crédito tanto para consumo como para producción, retroalimentando la inflación desde que disminuye muchísimo la demanda de dinero argentino.

Para tener una idea de la fuga de capitales, desde las Paso se retiraron más de 6000 millones de las cajas de ahorro en dólares y gran parte fue a cuentas bancarias en EE. UU. ─también en Uruguay─ donde hubo récord de aperturas de cuentas por parte de argentinos en los últimos 20 días. Ya ni siquiera confían en algo tan tradicional como el ladrillo, según Reporte Inmobiliario, la mayoría estima que los precios de los inmuebles bajaran entre 10 y 20% medido en dólares.

Irónicamente, así las cosas, los bancos tienen alta liquidez, desde que no tienen dónde colocar los fondos que reciben como depósitos ─ya que no hay consumo ni inversión─ y son asistidos por el Banco central, es decir, que no están funcionando como bancos.

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

@alextagliavini     www.alejandrotagliavini.com

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