El día después

OPINIÓN

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Fernández y Macri / Foto: Casa Rosada (Presidencia de la Nación)

Comentario de Hugo Flombaum, analista político. Columnista de LaCity.com.ar, sobre el proceso electoral argentino.

 

 

 

Lectura: 5 minutos

El día de las elecciones todos absolutamente todos valemos uno. Es un acto igualitario sin rival. En ningún otro momento se olvidan privilegios y poderes como ese día.

Pero es un día, es un momento de gran importancia, sin ninguna duda, pero dura las 10 horas de los comicios.

El gran problema que estamos padeciendo en las democracias occidentales, y la argentina como siempre se destaca, es cómo elige sus candidatos. Cómo elige sus dirigentes.

Cuando las democracias nacieron lo distintivo era justamente eso, la participación de todos en las decisiones, los derechos civiles. Luego llegó el momento de las conquistas sociales, y eso fue lo que marcó diferencias y los partidos se alineaban en función de su posición ante esos nuevos derechos.

En la actualidad vivimos momentos de confusión, los gobiernos de las últimas décadas pretendieron embanderar al pueblo en luchas por derechos ya adquiridos en nuestra constitución y ratificados por innumerable cantidad de leyes.

Mientras las diferentes administraciones gubernamentales no cumplían con los preceptos constitucionales y las leyes ya vigentes.

Los gobiernos sirvieron para desarmar a los estados en todas sus expresiones de las herramientas que les permitiera cumplir con sus obligaciones.

Hoy tenemos un estado más débil, por sus recursos humanos no capacitados y por sus herramientas debilitadas por negociados entre funcionarios y empresarios cómplices de generar recursos mal habidos.

Si en el día después no se aprovechan los avances que se logró con fallos como el del accidente de Once en el cual empresarios ricos y funcionarios cómplices fueron encarcelados por la justicia. Si no se aprovechan las inculpaciones de los empresarios coimeadores que dejaron ver la mecánica por la cual se usaba el dinero del pueblo para enriquecer fundamentalmente a esos empresarios.

Si en el día después no se decide parecernos un poco al mundo desarrollado en el cual la recaudación de las empresas de servicio público solo puede ser utilizada para la propia empresa y que no se puede desviar para otros negocios que no sea mejorar el servicio que presta.

Si el día después no se garantiza que, en todos los medios de comunicación, los viejos y los nuevos, el transporte de las señales de todo tipo y por cualquier manera sea prestado por empresas que no emitan contenido y que la producción de contenido sea de libre competencia para que sea consumida por quien quiera hacerlo y pagar por ello.

Si el día después no revisamos cada uno de los subsidios y de las protecciones para que cada peso público invertido en ello sea en beneficio para el conjunto y no para los vivos que se enriquecen en base a esas ventajas y no por su esfuerzo, calidad y precio.

Si el día después no establecemos un salario docente ligado a cualquier índice que garantice su justicia y estabilidad para luego dedicar el esfuerzo en lograr una educación pública de calidad cortando con décadas de privatización de la educación promovida por todos los gobiernos de la democracia.

Si el día después no dedicamos el esfuerzo para determinar cuáles serán las actividades por la cual el estado se comprometerá a promoverlas y defenderlas porque serán ellas la que podrán ser sustentables y competitivas en el mundo global. Y de esa manera dejamos de creer que las empresas son buenas o malas por su tamaño y no por la actividad a la que se dedican (el ser PYME no garantiza virtud).

Si el día después no emprendemos una acción constante y conjunta que dé comienzo la ocupación de nuestro territorio, ligando el reordenamiento poblacional al trabajo y a la construcción de las infraestructuras básica para garantizar un hábitat digno.

Si el día después no iniciamos el debate que garantice la conquista de los nuevos derechos de género, de castigo de la violencia sexual para cortar con el abuso sobre las mujeres y de el libre albedrío sobre su cuerpo.

Y así podríamos continuar con muchas de la deudas que esta democracia adquirió con este pueblo que tiene memoria de que nuestro país había logrado una educación pública de excelencia que hoy no tenemos, que había logrado pleno empleo que hace mucho no tenemos, que había logrado índices de pobreza de países desarrollados, de salud pública ejemplar y que en estos 35 años fuimos perdiendo.

El día después no somos todos iguales, el día después cada funcionario público, cada representante de la voluntad popular tiene una responsabilidad que dentro de muy poco tiempo será juzgada.

Venezuela, Ecuador, Chile, Francia nos dicen que los pueblos ya son protagonistas sin organizaciones partidarias. El mundo nos muestra que los pueblos están perdiendo la paciencia y que el escarmiento puede ser muy duro y rápido.

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