Más escribanía que Senado

OPINIÓN

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Foto: HSNA

Escribe Roberto Jordan, abogado constitucionalista, colaborador de lacity.com.ar.

 

 

 

Lectura: 2 minutos

Cuando Juan Manuel de Rosas, autócrata si los hubo, acepta asumir la nueva gobernación de Buenos Aires, exige la suma del poder público.

La Cámara de representantes, amañada y manejada por sus parciales se las otorga y comienzan 20 años de poder omnímodo.

Alberto Fernández repite, no obstante los doscientos años de distancia, casi con las mismas maneras adaptadas a esta época, aunque la genuflexión es igual en todos los tiempos.

Esperemos que no sean el comienzo de otros oscuros 20 años.

La facultades acordadas al presidente, al que podríamos llamar desde hoy Emperador, son superiores a las concedidas a cualquier otro presidente en la historia argentina.

No hay precedentes de algo así no obstante las más de 2000 leyes delegativas sancionadas por nuestro benemérito parlamento a través del tiempo.

Pero siendo lamentable el contenido, la apropiación de los recursos de los productores y fundamentalmente de los jubilados, nuevamente el pato de la boda, la liberación de controles y el desprecio a la Constitución Nacional, fue denigrante el trato acordado a la mayoría de los Senadores.

Se vio como la PRESIDENTE del cuerpo los corregía cuando se dirigían a ella y les recordaba que ella era «presidenta».

Lo cual siempre fue aceptado por los legisladores e incluso con el agregado del pedido de perdón por haber dicho PRESIDENTE.

Esto más allá de un arrebato de soberbia de la VICEPRESIDENTE de la Nación, es de una ignorancia inconcebible en tan altas autoridades.

En Castellano el participio activo del verbo ser termina en ENTE igual que presidir, por ello el que preside es PRESIDENTE que es neutro y se aplica a ambos géneros como en todos los casos neutros: Estudiante no estudianta, paciente no pacienta, adolescente no adolescenta. Lamentable.

La deplorable aceptación de la corrección, el compartir la ignorancia, solicitando además disculpas por no hacerlo, es decir por hacer lo correcto, implica un nivel de sumisión indigno.

Claro que cuando la indignidad parece ser la regla, cuando la postura natural es de rodillas, levantar la cabeza puede significar verla rodar a sus pies.

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